miércoles, 16 de noviembre de 2016

Naufragar dos veces

Sigo observando mi trocito de cielo tumbado sobre la arena fría de la playa mientras siento como me  arrastran.  No desvío la mirada porque dicen que si no pierdes tu estrella sabrás encontrar el camino de vuelta. Por eso y porque oigo como golpean a los que piden auxilio. Luego, silencio,  manos buscando entre la ropa,  desnudando cuerpos, cuchillos hundiéndose en la carne blanda de los que aún respiran.  Llega mi turno. Al hombre se le oye cansado y mis ojos continúan fijos en un punto del cielo. Sólo me registra y me quita las botas. No puedo evitar  un suspiro de alivio. Él no puede evitar oírlo. 

viernes, 28 de octubre de 2016

Marina



Cuenta la leyenda que un día salió del mar una mujer extraña. Tenía los ojos verdes, el cabello enredado en algas y una concha en su mano que no quería soltar. Ese mismo día nacieron muertos varios niños en el pueblo.  Todos pensaron que era una bruja. Pero el viejo farero,  hombre huraño y poco amigo de supersticiones,  le dio cobijo. Ella nunca dijo una palabra. Él tampoco necesitaba explicaciones. Acostumbrado a la soledad de su faro agradecía la compañía silenciosa. Una mañana la  mujer bajó a pasear a la playa. Ya de noche, cuando el farero fue a buscarla encontró  en la oquedad de una roca una niña recién nacida. A su lado estaba el colgante con la concha que el farero le había hecho a la mujer misteriosa. Como nadie reclamó al bebé, el hombre la crió como su hija, así que el pueblo entero dio por sentado que el farero era su padre y nadie hizo preguntas.

Marina fue el nombre que escogió para ella. Era una niña alegre a pesar del rechazo de los demás. Los años pasaron y Marina dejó de mostrar sonrisas y cada vez hablaba menos y cada vez paseaba más por la playa y se sentaba en los acantilados durante horas a mirar el mar con ojos de añoranza. De vez en cuando visitaba el cementerio que había tras la ermita de la Virgen del Carmen y se sentaba en una de las tumbas desde las que se podía contemplar el océano y sentir la brisa salada.

Marina cuidó al farero, ya anciano, hasta el último aliento, que llegó una noche inusualmente clara y con la mar muy en calma. Dicen que fue un  31 de octubre.  Marina se despidió de él, le dejó en la cama y bajó a la playa.  Pero justo antes de llegar a la roca donde había nacido, el mar dejó a sus pies un cuerpecito. Estaba azul  y un poco hinchado.  Al día siguiente se celebraron dos entierros en el cementerio de la ermita. Uno el de su padre y el otro el del niño que Marina encontró. Cuando todo el mundo se fue, Marina se acercó al pequeño montículo de tierra recién removida y colocó encima su concha.


Durante muchos años todos los enterramientos de niños aparecían al día siguiente con una concha puesta encima con mucho mimo. Y cada 31 de octubre una concha más era colocada en cada tumba infantil. Marina dejó de existir hace ya mucho tiempo. Se hizo vieja y un día simplemente ya nadie la volvió a ver. El cementerio ya no se usa pero cada año, la noche de los muertos, alguien acude puntual a la cita y coloca una concha más. 

lunes, 20 de junio de 2016

Los ojos


Con esta historia participo en la Primavera de Microrrelatos Indignados.

Son los ojos los que no la dejan dormir. No son los llantos, ni el frío, ni los harapos deshechos cubiertos de salitre. Ni tan siquiera el olor del miedo que lo impregna todo. Pero los ojos… Esos ojos de niños, de ancianos, de padres, de madres y de innumerables huérfanos persiguen a María cada noche cuando se refugia en el catre del barracón de voluntarios. Jura que mañana se vuelve a España, que no lo soporta más. Pero al día siguiente se encuentra con un par de ojos tristes, y a la vez esperanzados, recién salidos del infierno.

jueves, 28 de abril de 2016

Luz de ángel

Luz de ángel


En tus ojos brilla un sol frío de invierno, como el mes en que naciste.
Sé que en ti vive un alma ansiosa de calor a cada instante.
Tu besos buscan mi piel para absorber el amor que necesitas para respirar
y aunque a menudo tus brazos estén vacíos, como yertos, yo sé 
que  siempre esperan,
que siempre están  dispuestos al abrazo de la madre que no juzga,
de la madre que simplemente ama.

Hija,
así te llamé nada más nacer. Así te llamo cada día y cada día mi alma estalla en mil pedazos cada vez que pronuncio esa palabra. 
Tan simple y a la vez tan complicada.
Eres mi luz de ángel porque a veces siento que no eres de este mundo. 
Que eres un regalo que nunca sabré apreciar en toda su magnitud.
Libre como el aire, así eres tú. Una pieza imposible de encajar en ningún sitio.  
Y sin embargo,
tan suave,
tan dulce
...y tan pura.

A veces protestas porque no entiendes el mundo.  
El mundo es así, yo te digo, tienes que asumirlo.  
Pero ¿sabes una cosa? No tengo razón.
No lo asumas.  Lucha, no te rindas nunca. 
Porque llevas en ti una luz que pocos pueden ver 
con claridad.
Pero si alguien se detiene a observar, 
será tocado por el milagro de un 
destello de sabiduría.








martes, 23 de febrero de 2016

Pactos peligrosos



Cada vez que le hablaba del último sobre rechazado se despertaba en ella una mezcla de admiración y rechazo. Pero, como mujer pragmática que era, lo primero que hizo fue llamar a la inmobiliaria y paralizar la compra del chalet de la sierra (que, la verdad, a ella nunca le hizo ilusión).  Luego, contratar una buena póliza de vida para su marido. Lo más difícil sería hablar con sus hijos cuando llegara el momento. No se lo tomarían bien, le querían mucho…  
Pobre tonto de conciencia inoportuna. ¿Es que no sabía que los tratos con el diablo jamás se incumplen?

lunes, 1 de febrero de 2016

Orden y limpieza


Subir de nuevo a la habitación fue un error. Hasta entonces, su mundo estaba en orden. La casa recogida, la ropa en la lavadora, la comida en el fuego. Todo bien mamá, vete y déjame estudiar, que estoy muy liado.  Pero algo no estaba en su sitio y ella lo percibía. Por eso, cuando de nuevo abrió la puerta y vio a su hijo con los pantalones bajados  frente a la pantalla del ordenador y ésta devolviendo una imagen similar aunque de la cara opuesta, cerró la puerta en silencio y bajó las escaleras para darle otro repasito de lejía al baño. 

martes, 21 de mayo de 2013

Comptine d'une autre été (III Macroquedada de Microrrelatistas: mi relato)


Como todos ya sabéis por lo pelmas que solemos ser los microrrelatistas, el pasado sábado 18 de mayo se celebró la III Quedada de Microrrelatistas. El género será micro pero la quedada fue macro pues nos reunimos tropecientos. Aparte de la emoción de asistir a la presentación de "De antología", de la que formo parte como una de los sesenta y nueve autores, fue un enorme placer reencontrarme con tantas caras conocidas  y un gusto poner rostro a todos los demás nombres. 
En esta ocasión fallé a la hora de traer el micro tuneado. No voy a poner excusas baratas de falta de tiempo de madre trabajadora, agotada y sobrepasada. De hecho, lo intenté pero no llegué a la parte del tuneo. Me quedé sólo con el texto que aún así, quiero regalar a todos los que estuvieron allí y a los que no estuvieron, si les gusta. Es éste:

Comptine d'une autre été
(inspirada en la pieza homónima de Yann Tiersen)




Era una mujer pequeña, de rostro anodino, ni guapa ni fea, ni vieja ni joven. Vivía sola en una casa diminuta de un barrio solitario. Cada mañana se levantaba y acudía puntual al trabajo. Cuando regresaba cerraba la puerta tras de sí, aliviada, y dejaba caer la mirada en el rincón donde se apolillaba un viejo piano, herencia de quién sabe qué antepasado. Se acercaba y deslizaba los dedos sobre las teclas de un extremo al otro en un torpe y tímido glissando. Y durante los escasos segundos que el sonido flotaba en el aire su cara era bonita, su cuerpo flexible y parecía que unas alas le quisieran nacer de la espalda.
Un día se sentó en el taburete y pulsó varias notas al azar. En otra ocasión se atrevió a tocar una escala completa. Compró varios manuales que se aprendió de memoria. Luego algunas partituras.
Cuando por la tarde regresaba, siempre un minuto antes, se desnudaba, se soltaba el pelo y dejaba que sus dedos acariciasen las teclas. Se envolvía en las notas cálidas que llenaban la habitación mientras sus alas iban creciendo.
Era una mujer pequeña, de rostro anodino, ni guapa ni fea, ni vieja ni joven, que se fue una tarde de verano. Así es como la describen los pocos que la recuerdan.


viernes, 12 de abril de 2013

Golpes


Niña triste, de Carlos Sáenz de Tejada

Sólo a las niñas guapas y a los hermanos que se las presentaban les concedía el privilegio de ser intocables. A los demás El Cates les repartía hostias o mofas, según el día. Como matón profesional, le gustaba rodearse de caras bonitas y memos que le rieran las gracias.
Yo no solía reír. Y mi hermanita ya nunca iba a volver. Así que cada tarde, al regresar de clase entraba a escondidas en su habitación, me abrazaba a sus peluches huérfanos y pensaba en ella mientras me frotaba los moratones. 


(Relato no seleccionado en el concurso "Relatos en cadena")

jueves, 20 de diciembre de 2012

Para "Un cuento antes del fin del mundo"


Si el viento aullador de las noches
de invierno te conociera…
Si la luna llena de estío
supiera tu recóndito paradero…
Sólo a ellos les pediría un deseo,
una ardiente petición:
que me abrases con tu fuego.

Esta es mi particular aportación para el evento "Un cuento antes del fin del mundo"

martes, 18 de septiembre de 2012

Sincronía (Cuenta 140)

Sincronía 

"Estaban tan acostumbrados a latir juntos que el día que se paró el corazón del abuelo, al poco el de la abuela se desajustó sin remedio"


Microrrelato presentado, pero no seleccionado, al concurso semanal "Cuenta 140" (Tema: El amor)