Érase una vez un mapa que podía llevarte a cualquier parte. Conocía todos los caminos porque estaban en él escritos. Un buen día el mapa se perdió y no podía encontrarse. Sin saber qué hacer comenzó a vagar preguntándole a todo el mundo cómo podía hallarse. “Necesitas un mapa”, todos le decían. “¡Qué gracia, un mapa perdido! Necesitas un mapa de mapas”.
(Este pequeño cuento fue escrito con la inestimable colaboración de mi hija mayor y la sabiduría acumulada en sus tres años de edad.)
