lunes, 20 de junio de 2011

Déjame marchar


Como los ángeles al caer el sol, 
como el azul del mar que precede a la tormenta,
impaciente, expectante.
Como una solitaria luciérnaga que revolotea alrededor de  una bombilla, 
ingenua, soñadora.
Como la sombra de una figura transparente que está, pero ya no es.
Así vivo, así muero cada vez que pasas a mi lado y no me ves...
Y no me verás nunca 
porque ya no estoy aunque estoy siempre contigo, 
porque ya no me sientes aunque me sientes cada noche al acostarte, 
porque ya no me quieres aunque me quieres en el fondo de tu alma 
y no lo sabes.
Porque hace tiempo que me fui.
Tu mano quiso sujetarme.
Pero caí.

jueves, 16 de junio de 2011

Ciclos


Había llegado a la conclusión de que su vida se desarrollaba en ciclos. Y de que el cinco era su número. Así que esta vez tenía que ser la definitiva. Después de cuatro relaciones fallidas que duraron cinco años cada una, conoció a Adela, la quinta. Lo malo es que para ella, él era sólo el cuarto. 

lunes, 13 de junio de 2011

Espejismo

 
Desde que aquella chica le ofreció esa manzana en el súper no había comido tanta fruta en su vida. Se había quedado  parado frente al expositor hipnotizado por el rojo brillante. “Pruébala”, le dijo al tiempo que sonreía amablamente, “son de calidad superior y además están de oferta”. Así que todos los días a la hora del desayuno se escapaba el tiempo justo de ir a comprar “su” manzana y ver a “su” dulce Eva. Cambió sin darse cuenta su dosis diaria de cafeína y aburrimiento por una de antioxidantes naturales e ilusión. Pero un día acudió a su cita con su frutera favorita y en su lugar se encontró un chico gordo y con granos. Tenía aspecto de comer muchos bollos y poca fruta. Las manzanas ya no estaban de oferta. Al día siguiente volvió a su café.

sábado, 11 de junio de 2011

Amor al fin y al cabo







La bala en la sien para él. 
Para ella el puñal en el corazón, 
la rosa en la mano y un beso en la boca. 
Romántico hasta el final.

viernes, 27 de mayo de 2011

Reencuentro




Todos los días les lleva bizcochos. Su exigua paga no le da para más. Viene con su caminar lento pero decidido. Ochenta y siete años son muchos pero la ilusión los vuelve ligeros como el viento. Desde hace una semana ya no es la misma. Mejor dicho, ha vuelto a ser la de antes. Aquella muchacha enérgica, cargada de ideales y dispuesta a gritar al mundo sus injusticias. La que también aprendió a callar para no levantar sospechas, para ocultar, para traicionar a su propia memoria. Aquella que hace tan poco permanecía dormida y gris en el fondo de su alma. Ahora ha despertado y no tiene miedo ni tiempo para tenerlo. Todos los días se acerca a la plaza. Allí se encuentra, quién se lo iba a decir después de tantos años, con la esperanza de un mundo mejor, con el ansia de justicia, con la solidaridad. Se ve reflejada en los rostros de chicos, chicas, niños, ancianos, hombres y mujeres unidos por la misma causa. Sus bizcochos son su humilde aportación. Aunque la emoción por el reencuentro es tanta que se le desborda por los ojos y siempre acaban empapados.

martes, 24 de mayo de 2011

FINALISTA "CUENTA 140" (La pasta de dientes)

Esta semana el señor Montero ha sido magnánimo conmigo y he hecho doblete en la final de Cuenta 140






El atraco (o una forma tonta de morir)

La pasta o la vida, me dijo. Y yo, que siempre fui un poco corta y en el bolso llevaba el dentífrico, no dudé en dárselo.


Los tiempos de mi abuelo

Cepillarse los dientes entonces era tan extravagante como no cepillarse a la parienta a pelo, aunque se tuvieran más hijos que muelas.

lunes, 23 de mayo de 2011

Lo increíble de lo increíble es que fuera realidad...



Aunque ya he podido leer este microrrelato en la mayoría de los blogs de los asistentes a la macroquedada del 14-M, no me he podido resistir a publicarlo en mi blog. Y es que todavía perdura en mí la magia de aquel momento y es mi forma de conservarla un poquito más.
Como ya todos sabéis, esta criatura fue "parida" aquel día por la treintena de escritores que nos reunimos y el título lo puso el camarero, que allí hasta él tenía arte. 



Lo increíble de lo increíble


"La madeja enredada con todo voló libremente sobre la montaña cuando fue hacia el lugar de la historia. Entonces sintió necesidad y quiso estornudar: ¡atchis! Desmelenada, rodó hasta el dinosaurio"


Me gustaría poder tener más tiempo y hacer una entrada en condiciones con vínculos a todos los blogs de los participantes y con crónicas detalladas de cada momento pero, creedme, no lo tengo. 
Así que me tomo la libertad de pegaros el enlace de Puck que ha tenido la paciencia de recopilar en su entrada los enlaces (valga la redundancia) de las crónicas de otros microrrelatistas. Y, cómo no, os remito a la exposición virtual del gran día que está organizando Danik Lammá.

Besitos a todos y a todas.

Sara NY

lunes, 16 de mayo de 2011

Increíble pero cierto

Ayer tuve el enorme privilegio de asistir a un encuentro entrañable. Allí conocí a cuentistas de muy diversa índole pero de igual grandeza humana. Durante unas horas la magia inundó una céntrica librería de Madrid y se produjo una conjunción de ángeles. El relato de Kum* y su forma de contarlo me tocaron el alma. Y quiso el destino que después pudiera llevármelo como recuerdo de aquel instante. Aquí os lo dejo, junto con el mío. Ambos proceden del mismo universo, como le gusta decir a él,  y sin quererlo se vinieron a encontrar.


Espantando palomas



     Un vuelo de palomas anticipaba siempre su llegada.

     Al percibirlo, él sonreía levemente y sentía un brinquito en el corazón. Luego, despacio, dejaba lo que estuviera haciendo y, simplemente, esperaba. Poco a poco se le llenaba la casa de palomas que se iban posando aquí y allá desbaratando alegremente el orden sereno que habitaba su hogar. Entonces, ella aparecía de la nada.

-Esta vez has tardado –decía él disfrazando de reproche su alegría.

-Estuve muy ocupada haciendo nada –contestaba siempre ella con una sonrisa radiante.

     Después se miraban, se oteaban en silencio, como abrazándose con la mirada, y arrullados por un ulular de palomas, se acomodaban en ese espacio irreal al que pertenecían. Él le contaba su vida sencilla y, de vez en cuando, ella reía con una risa de ángel que espantaba a las palomas. Luego, hacían el amor con palabras, con sus alientos, con sus miradas,… como aprendieron a hacer cuando supieron que jamás podrían tocarse.

     Sólo una vez le preguntó de dónde venía, si era un espectro, algún fantasma extraviado o simplemente un ser de otra dimensión. Ella cayó entonces en un prolongado silencio lleno de presagios y palabras inefables. Él no volvió a preguntar.

-Mi querido misterio leve… –solía susurrarle al oído.

     Así se la pasaban, amándose y platicando, hasta que de pronto las palomas volvían a espantarse y, volando despavoridas, desaparecían por puertas y ventanas anunciando un adiós. Sin apenas tiempo de decir te amo, ella se evaporaba en el aire.

     A veces, días después, él todavía encontraba palomas al abrir un cajón o una alacena, y sonreía de nuevo con el corazón contento. Entonces, abría el armario de sus secretos, sacaba las alas y les pasaba el cepillito acicalándolas suavemente, con dedicación. Las alas a las que renunció hacía ya tantos años para así poder vivir la vida como un hombre.
Kum*

Un ángel pasó


Apenas comenzó a crecer en el vientre materno un tenue sonido de campanillas empezó a oírse. Primero lo oyó él. En el silencio de la noche buscaba intrigado de  dónde procedía el dichoso ruidito hasta que se dio cuenta de que venía de la barriga de ella. El sonido aumentaba cuando la madre comía chocolate o dulces. Y cuando se tumbaba al sol y dejaba que los rayos acariciasen su panza, ésta emitía unos suaves acordes cristalinos. Sin duda, era un bebé especial. “Nos traerá suerte, este niño es un ángel”, decía ella convencida. Él la miraba escéptico y aterrado al tiempo.

Llegó el día en que el bebé musical decidió salir al mundo. El padre primerizo y nervioso condujo aprisa hacia el hospital hasta que un coche en dirección contraria cambió el desenlace.

En la sala de espera, maltrecho y ansioso, aguardaba la sentencia. “Buenas noticias, su mujer se recuperará. Ha sido un milagro que…” Antes de que el médico pudiera terminar la frase un tenue pero claro sonido de campanillas inundó la estancia y poco a poco fue elevándose hasta perderse a través de una ventana.

martes, 3 de mayo de 2011

Nada



Cuando él terminó de hablar pensó: "No tengo nada que decir" y nada dijo. Creyó que aún así debía hacerlo así que buscó en lo más profundo de su alma. Nada. Buscó en los recuerdos grises de su memoria. Nada. Buscó entre las ruinas de su corazón helado. Nada. Incluso buscó en los ojos de él, ansiosos de una reacción. Tampoco encontró nada. De repente sintió un escalofrío. Se revolvió en la cama y se acurrucó bajo las mantas mientras él salía de la habitación con sus quince años de pareja resumidos en dos maletas.

martes, 19 de abril de 2011

El duende de la casa de fieras

Me gustaría poder colgar cosas más a menudo pero últimamente estoy muy liada. Prometo ponerme a la tarea en breve. De momento para abrir boca os dejo este cuentito que escribí para el Blog Mis fotos de Madrid, de Miguel Molina hace ya algún tiempo.
Espero que os guste. Yo me voy de vacaciones, así que hasta la semana que viene.
Besitos para todos.


EL DUENDE DE LA CASA DE FIERAS




Soy un duende enamorado de un hada adolescente... Vivo eternamente sentado sobre esta jaula que antaño guardaba a un león. Tengo una flauta mágica que nadie escucha y un gorro verde y puntiagudo a juego con mi jubón y mis calzas. Mis ojillos chispeantes parecen no posarse sobre ningún sitio en concreto mientras que una sonrisa burlona permanece impávida en mi cara.

Mi nombre... ¡qué importa mi nombre! No recuerdo cuando nací ni cuando llegué aquí. Hubo un tiempo en que no estaba tan solo. A mi alrededor había exóticos animales para los que yo actuaba cada noche y cada día atraía las mismas miradas curiosas que mi felino compañero. De ese tiempo ya casi no guardo recuerdo. Ahora solo estoy yo, permanente guardián de unas jaulas vacías. Pero desde hace un tiempo ya no soy el mismo, tengo un anhelo imposible: soy un duende enamorado de un hada. De todos es sabido que hadas y duendes son enemigos irreconciliables. Pero por más que intento explicarle que yo no soy así, ella no quiere escucharme.


Todas las mañanas la veo pasar. Camina despacio, casi siempre remoloneando con ojos soñolientos. Siempre va arrastrando un extraño objeto tras de sí, sus tesoros pienso yo. Y siempre parece aminorar el paso a mi altura y me mira de reojo. Estoy seguro de que me mira de reojo. Yo toco mi melodía para ella, sólo para ella y procuro dejar que vea mi sonrisa afable. Pero inmediatamente gira la cara y aprieta el paso hasta que desaparece tras el foso de los monos. Y aquí me quedo yo, sólo de nuevo, esperando que el día siguiente me traiga una nueva oportunidad de demostrarle mi amor incondicional.


La primera vez que la vi casi me caigo de lo alto de mi atalaya. No me podía explicar cómo esa pequeña hada me había hecho perder así la compostura. De repente estaba ahí parada contemplándome fijamente con sus ojos azules y su pelo claro y rizado. Se plantó delante de mí con su halo de dulzura y sin un atisbo del miedo que debería haberme demostrado. Creo que hasta casi me sonrió. Aunque intenté lanzarle mi mirada más maléfica, no pude.


De repente pareció perder el interés y siguió su camino. Me dejó con aquel desconcierto, que pronto se convirtió en un malestar extraño en mi pecho de piedra. Desde entonces, yo que soy amante de la noche por naturaleza, no veo el momento de que llegue el alba y con ella mi hada. Sin embargo, hasta ahora sólo he conseguido algunas miradas de reojo y su dolorosa indiferencia.


Cuanto más crece mi angustia por bajarme de mi altar, por tocarla y declararle mis locos sentimientos más parece ella rehuirme y más frías y distantes parecen sus miradas de soslayo. Desesperado, esta mañana he probado a sonreírle abiertamente. Lo único que he conseguido es que saliera corriendo. Estoy desolado, creo que no me quiere...

Paula llegó jadeante a la salida del Retiro. Se juró que a partir de ahora se levantaría más temprano. O eso o llegaría tarde a clase. Pero por mucho que acortara pasando por la Casa de Fieras no volvería a pasar delante de ese duende tan inquietante. Si hasta juraría que hoy la ha sonreído maliciosamente e incluso ha visto un brillo perverso en sus ojillos achinados.