miércoles, 16 de noviembre de 2016

Naufragar dos veces

Sigo observando mi trocito de cielo tumbado sobre la arena fría de la playa mientras siento como me  arrastran.  No desvío la mirada porque dicen que si no pierdes tu estrella sabrás encontrar el camino de vuelta. Por eso y porque oigo como golpean a los que piden auxilio. Luego, silencio,  manos buscando entre la ropa,  desnudando cuerpos, cuchillos hundiéndose en la carne blanda de los que aún respiran.  Llega mi turno. Al hombre se le oye cansado y mis ojos continúan fijos en un punto del cielo. Sólo me registra y me quita las botas. No puedo evitar  un suspiro de alivio. Él no puede evitar oírlo.