martes, 25 de enero de 2011

Milagro

Sentado una vez más el escritor frente a su campo estéril observaba con desesperación cómo la tierra continuaba sin dar fruto. Donde antaño hubo fértiles viñedos de jugosos relatos breves e incluso frutales que producían los más hermosos cuentos, hoy no había nada, solo tierra dura y árida. Hubo incluso un jardín donde crecían poesías salvajes. Sin apenas cuidado ni abono, florecían exuberantes por doquier.

Con el corazón encogido por la angustia y la nostalgia, una lágrima resbaló por su mejilla y fue a caer en mitad de la hoja en blanco. Fue entonces cuando del cerco húmedo comenzó a brotar una tímida palabra. Casi sin darse cuenta apareció otra al lado y luego otra y otra allá un poco más lejos. La seca blancura se fue poblando de nuevo de pequeños ejércitos de hormigas negras que traían un regalo inesperado.

9 comentarios:

  1. Buena manera de empezar a encontrar palabras preciosas. Llego desde las 99 palabras de Miguel y volveré. Nos leemos. Suerte en esta aventura!!1
    Saludillos

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  2. Llego también desde 99 palabras y seguro que también vuelvo.

    Tengo la impresión que esa lágrima será muy fructífera.

    Abrazos

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  3. Puck, muchas gracias. No sabes la ilusión que me hace tu comentario.

    Su, también infinitas gracias para tí. Ojalá esa lágrima sea tan fructífera como tú dices.
    Con ánimos como los vuestros seguro.

    Besitos a las dos.

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  4. Sara, te leí en el microrrelatista ¿puede ser? Me encanta este relato, y me encanta que te hayas animado a tener tu blog ¿cual sería tu regalo de Reyes?
    Un abrazo y ánimo que aquí estamos apoyándote!

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  5. Efectivamente, Anita. Publiqué este mismo relato en El Microrrelatista. Me pareció perfecto para iniciar esta nueva andadura.

    Gracias por los ánimos.
    Espero seguir regalándote bonitos relatos.

    Besitos,

    Sara

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  6. Bienvenida al mundillo de los blogs. Fuerza y honor, como dijo aquel.
    El nombre del blog y la primera historia es toda una declaración de intenciones, muy valiente, por cierto.

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  7. Muchas gracias, Caboclo, sobre todo por llamarme valiente.

    También gracias a tí, Dyhego.

    Nos leemos.

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  8. A veces, somos impacientes.

    ¡Me ha gustado mucho!

    Miguel

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