martes, 10 de julio de 2012

Hambre



Se entrenaban para estar muertos. El Mocos solía hacerlo de forma dramática hincando las rodillas en el suelo y dejándose caer hacia delante. Aseguraba que había visto morir así a un fusilado detrás del cementerio. El Pelao prefería caerse hacia atrás torpemente. Pero el que mejor lo hacía era Angelillo, el hijo de la viuda. Se agarraba el estómago con manos crispadas y se desplomaba poniendo un gesto de agonía tan real que daba escalofríos. A todos les sorprendía su manera de meterse en el papel porque, cuando volvían a su casa, por el camino seguía agarrándose la barriga y poniendo gesto de dolor.


7 comentarios:

  1. Jo, qué lástima que tu relato no fuese seleccionado ese día. Es tremendo, en todo, hasta en lo bueno que es.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Más patadas da el hambre nos decía mi madre y tú lo has relatado fantásticamente.
    Bravo!!!

    Besos desde el aire

    ResponderEliminar
  3. Sara, simpático punto de vista de un juego de posguerra o de entre guerras en el que lo dramático se convierte en tierno cuando se ponen en manos infantiles. Yo creo que el Angelillo era capaz de morirse cada vez que jugaba de broma.

    Buen relato de REC.

    Abrazos.

    ResponderEliminar
  4. Excelente, Sara. Un micro digno ganador de ReC. Me ha gustado de principio a fin.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Muy bueno, Sara, me gustó mucho.

    ResponderEliminar
  6. Muy bueno, Sara. Un descripción del hambre muy real.

    Besitos

    ResponderEliminar
  7. Muchas gracias a todos por vuestra visita. Con lo inconstante que soy no sé como todavía tenéis la paciencia de dedicarme vuestro tiempo.

    Por eso estoy emocionada.

    Besitos a todos

    ResponderEliminar