jueves, 26 de julio de 2012

Educar el alma




Y además nos hace daño. No nos pega con la palmeta como el otro, pero nos lee versos tristes. Nos enseña a pensar. La madre le peina con un poco de saliva para domar el remolino y escucha paciente. Padre y el señor cura dicen que eso no es bueno. Que la cabeza hay que usarla lo justo. Además, el Mocos dice que es peligroso. Ella asiente en silencio. Yo sólo sé que cuando voy a la escuela salgo con un bullir en la cabeza y unos nervios en la barriga, pero no puedo dejar de hacerlo. Entonces habla ella: No debes, hijo. No debes.


3 comentarios:

  1. Sara, este relato me ha trasportado desde sus primera líneas a otra época que yo no viví y que quizás solo me han contado. Pero, era esa época en el que pensar solo estaba permitido a los ricos, los pobres a trabajar como burros.

    Buen relato.

    Besos.

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  2. Coincido con Nicolás. Consigues dibujar perfectamente al personaje y dan ganas de abrazarlo.
    Un saludillo

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  3. Me recuerda aquella época en la que los hijos eran animales de campo. Las sumisas y calladas madres, educadoras de los hijos, sabían que la vida no podía ser eso.

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