miércoles, 8 de febrero de 2012

La suerte del principiante


No hacía calor, pero el sudor me empapaba las manos. Sujetaba el cartapacio con las escrituras del piso y los demás papeles. No sabía cómo decírselo. “Hijo, yo lo que quiero es poder morirme en mi casa”. “En mi casa”, recalcaba. Y su voz de vieja quebradiza sonaba en mis oídos de abogado recién estrenado. 

De pronto, el suelo tembló, y antes de que me diera tiempo a cruzar la calle, un estruendo descomunal me dejó clavado en el sitio. Atónito, comprobé cómo el edificio se caía a plomo entre una nube inmensa de polvo. Cuando se dispersó tan sólo quedaba un socavón. Tras el estupor inicial, respiré aliviado. Estaba vivo, no había tenido que darle las malas noticias a la señora Paquita y ella por fin había visto cumplido su sueño.

P.D. En este caso la foto es de Miguel Molina y está sacada de esta entrada.

6 comentarios:

  1. Humor negro negro, final inesperado, al menos para mí.
    Un beso, Luisa.

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  2. Vaya final. Vaya forma de cumplir un sueño...
    Vaya microrrelato más bueno. A pensar.
    Un beso.

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  3. Sara, si tuvo suerte sí. Aunque no sé si la Sra. Paquita deseaba morirse así. Le auguro gran carrera a este abogado, pues tiene suerte, aunque también parece gafe.

    Un abrazo.

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  4. Luisa: Gracias, me alegro de haberte sorprendido.

    CDG: Sí, ya se sabe que es arriesgado desear algo porque corres el riesgo de que se cumpla... jejeje.

    Nicolás: Pues sí parece que tenga suerte. Si sigue así los casos se le resuelven solos, jeje.

    Muchas a gracias a todos por vuestra visita.
    Abrazos.

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  5. Joder, Sara, qué bueno! Y qué cafre también, ja ja. Cuidado con los abogados que los carga el diablo.
    Un besazo

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  6. Humor del negro, la verdad es que el final me sorprendió.

    Besitos

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