miércoles, 11 de enero de 2012

Soledades


La última alma humana duerme arrinconada en el desván, apática y gris. Juana la convoca cada día como le enseñó la abuela, pero ya no viene. Se empeña en dejarla sola en esta casa fría, llena de objetos inmóviles y sin lamentos que la acunen por las noches. Todos se han ido ya, vivos y muertos. Nunca los distinguió bien, con tal de que le dieran compañía. Pero pronto tendrá que conformarse con los fantasmas de sus perros. Así que sube al desván y, acurrucada junto al deshilachado espectro, espera a que cuando se desvanezca se la lleve con él.

3 comentarios:

  1. Sara, sin duda una gran relato con esta complicada frase de inicio. Las complicaciones de los fantasmas son similares a la de los vivos, la soledad por ejemplo.
    Me gustó.
    Un abrazo.

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  2. ¡Qué ingrata es la soledad no deseada!
    Gran micro, Sara.
    La imagen refleja a la perfección las palabras del texto. Bien elegida.

    Un beso.

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  3. Un gran micro.
    Besos desde el aire

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