jueves, 20 de diciembre de 2012

Para "Un cuento antes del fin del mundo"


Si el viento aullador de las noches
de invierno te conociera…
Si la luna llena de estío
supiera tu recóndito paradero…
Sólo a ellos les pediría un deseo,
una ardiente petición:
que me abrases con tu fuego.

Esta es mi particular aportación para el evento "Un cuento antes del fin del mundo"

martes, 18 de septiembre de 2012

Sincronía (Cuenta 140)

Sincronía 

"Estaban tan acostumbrados a latir juntos que el día que se paró el corazón del abuelo, al poco el de la abuela se desajustó sin remedio"


Microrrelato presentado, pero no seleccionado, al concurso semanal "Cuenta 140" (Tema: El amor)

lunes, 10 de septiembre de 2012

El plato frío (Finalista Cuenta 140 "La Venganza")



"Soltó la cuchara y se desplomó. Ella miraba la escena, satisfecha. El mantel estaba impoluto, las flores, frescas y el plato, frío" 

(Finalista en Cuenta 140. Tema: La venganza)

lunes, 3 de septiembre de 2012

Versos azules para almas incoloras (X)


Una lágrima salada que, inadvertida,
recorre mis mejillas.
Un suspiro ahogado
por la insensibilidad.
Un alma inmóvil, sola que yace
bajo un torreón de oscuridad.
A veces llegan a mis oídos sonidos nuevos,
cantos de niños y un lejano eco
que trae reminiscencias conocidas.
A veces, sólo a veces, siento
una voz antigua y vana
que pulula en mi interior;
un amargo sabor de antaño
que evoca recuerdos gastados,
imágenes descoloridas.
Una soledad inmensa que devasta
corazones a su paso.
Y una palabra que mi boca
no se atreve a pronunciar.
A veces, sólo a veces,
siento que mi alma va a estallar…
que ya no tengo alma.


martes, 28 de agosto de 2012

Versos azules para almas incoloras (IX)


Cuando mi olvidado nombre suene
perdido en los eternos vaivenes de la vida;
cuando mi gastado cuerpo se consuma
en la noche inmensa del tiempo…
No lloréis por mí.
Mi esencia vagará por fin, libre de cadenas,
por el ancho campo de la infinitud.
Y podré perderme para siempre
jugando en un jardín de flores transparentes.


martes, 21 de agosto de 2012

Comedor social


Además, el pollo rebozado siempre humea demasiado. Encima engorda más y es malo para el colesterol. Y ya te dijo el médico que tenías que cuidarte, Antonio. Así que deja de quejarte y de decir tonterías. ¡Pero si ahora hasta nos ahorramos el cocinar! ¡Venga, hombre! Vámonos ya antes de que nos crucemos con los vecinos, que están a punto de volver del trabajo.


martes, 7 de agosto de 2012

Versos azules para almas incoloras (VIII)


Para perderme; para llorarme;
para olvidarme quiero
el sabor de tu dulce cuerpo.
Para beberlo hasta apurarlo;
para saciar mi sed quiero
el veneno de tus labios traicioneros.
Para morirme; para sufrirme;
para odiarme te quiero.


jueves, 26 de julio de 2012

Educar el alma




Y además nos hace daño. No nos pega con la palmeta como el otro, pero nos lee versos tristes. Nos enseña a pensar. La madre le peina con un poco de saliva para domar el remolino y escucha paciente. Padre y el señor cura dicen que eso no es bueno. Que la cabeza hay que usarla lo justo. Además, el Mocos dice que es peligroso. Ella asiente en silencio. Yo sólo sé que cuando voy a la escuela salgo con un bullir en la cabeza y unos nervios en la barriga, pero no puedo dejar de hacerlo. Entonces habla ella: No debes, hijo. No debes.


lunes, 23 de julio de 2012

Versos azules para almas incoloras (VII)


Quiero volver a la infinitud
de la nada.
Y perderme para siempre
en el tiempo y la distancia.
Quiero volver donde estaba,
donde no estaba antes.
Y permanecer en perfecta unión
con el ser originario del final.
Quiero volver a la eternidad
de la abstracción,
donde no existe el recuerdo.
Quiero ahogarme, y alejarme,
y perderme para siempre en el recuerdo.
Quiero volver. Volver constantemente.
Volver infinitamente. Volver.


jueves, 19 de julio de 2012

La otra mirada



Es esa que te incomoda cuando tú desvías la tuya al pasar a su lado en el cajero automático que ha convertido en su hogar. Es la de aquel que se quedó anclado en los cinco años, aunque ya las arrugas surquen su piel, y tú escabulles para que no te recuerde tu propia fragilidad. La de esos ojos de piel tostada y acento extranjero que dormita cansada en el asiento del metro mientras tú ignoras hábilmente su presencia.
La otra mirada es la que te devuelve el espejo al llegar a casa cuando a fuerza de no mirar se te caen todas las corazas.

lunes, 16 de julio de 2012

Versos azules para almas incoloras (VI)


Harén. Lo prohibido.
Quiero hacerlo. Penetrar en la muralla
que guarda la selva de pasiones.
Quiero arder y morir
congelada un momento después.
Quiero sentir como corren por mis mejillas
lágrimas de sangre caliente
y descienden por todo mi cuerpo,
y caen a mis pies.
Y se unen a las tuyas
que caen a tus pies.
Y se mezclan, y nos inundan
llevándonos consigo un torrente rojo
de amor, odio y dolor.
Para al fin depositar nuestros cuerpos,
juntos, en una playa blanca D
donde el sol no brillará jamás
sin nuestro permiso.
Quiero perseguir como una loca mis impulsos.
Quiero correr detrás de ellos
a través de infinitos mundos de sentimientos.
No me importa sufrir. No me importa morir.
Quiero morir si ése es el precio…
si ése es el precio de la vida.


viernes, 13 de julio de 2012

El camino difícil




          No sé cómo me he metido por este camino. Pensé que era un atajo y resulta que ahora voy a tardar el doble. Mira que ya me lo había dicho la Juliana. “Si lo que quieres es dar una vuelta por el campo, coge el sendero de “Los Pollos”, que tienes un paseo bien bonito. Nada más pasar la choza que queda a la izquierda, date la vuelta y, entre que vas y vienes, ya has andado más de una hora”. Así que la dejé ahí renegando de “la manía que tienen los jóvenes ahora de andar sin tino ni camino” y seguí sus instrucciones.

        El caso es que aquí estoy en mitad del campo, sola, sin cobertura de móvil y perdidísima. Hace rato que cogí una pequeña senda que salía a la derecha, un poco más allá de la choza. Me dije a mí misma: “Seguro que la vieja no me ha dicho nada de atajos por no confundirme. Debe pensar que los de ciudad somos idiotas y por eso me ha dicho simplemente que me vuelva por donde he venido”. Así que seguí caminando por el supuesto atajo, confiando, sin saber por qué, en mi sentido de la orientación.

        La verdad es que podía haber hecho lo que me había dicho. La Juliana tenía razón. Ha sido un recorrido bien bonito. Un camino ancho de tierra allanada con algunos desniveles y curvas ligeras que asciende suavemente hacia la sierra. A ambos lados unas vistas hermosas de almendros salvajes, encinas y todo tipo de arbustos aromáticos: romero, tomillo, manzanilla… A medida que me he ido adentrando en la sierra los pinos han comenzado a sustituir a las encinas y al llegar a lo que se suponía debía ser el punto de vuelta atrás he dado con un inmenso pinar donde no he podido resistir el impulso de tumbarme sobre el suelo cubierto de agujas. Con los ojos cerrados he oído el viento susurrar entre las copas de los árboles y los pájaros silbar, y he aspirado el olor a resina y a libertad.  Durante unos minutos he sido capaz de dejar mi mente en blanco y no he tenido miedo. Pero al rato el jodido sentido común me ha dicho: “Levántate y no hagas más el idiota, que dicen que por aquí hay muchos jabalíes”. 

        Al abrir los ojos he visto una senda estrecha apenas visible entre los pinos que se inclinaba hacia abajo torciendo aparentemente en dirección hacia el pueblo. Me ha dado la sensación de que podía salir a la altura de Las Eras. Así que sin pensarlo más me he metido entre los pinos y aquí estoy. Son tan tupidos que en algunos trechos apenas entran los rayos del sol. Eso me agobia un poco porque miro el reloj y son las 6:30 de la tarde. Estamos en abril y debe quedar poco tiempo de luz. Intento disfrutar del paisaje, de los olores del bosque cada vez más intensos y de los sonidos que puedo percibir cada vez más claros y más cerca. Llevo casi tres cuartos de hora caminando por el campo, apartada de la civilización y de mi vida. Es exactamente lo que quería pero empiezo a echar de menos cosas tan prosaicas como mi sofá, mis zapatillas o un café calentito. No sé por qué pero también añoro mi cama y las madrugadas perezosas con Juan a mi lado…

          Siempre escojo el camino más difícil. Es un hecho. En cada uno de los momentos claves de mi vida en los que hay dos alternativas: la sencilla y la enrevesada, elijo siempre la segunda. Debo ser masoquista porque lo más gracioso es que, tarde o temprano, llego al mismo sitio que si hubiera elegido el camino fácil. Eso sí, llego exhausta y tardo el doble. Como ahora. Tengo hambre y estoy cansada y asustada.  No sé por qué cada vez recuerdo con más nitidez mi casa, a mi marido esperándome con su sonrisa llana y sus abrazos cálidos. Tengo ganas de llegar ya. Supongo que la Juliana se dará cuenta si no vuelvo. Es un pueblo pequeño, la gente siempre está al tanto de todo. Sobre todo los viejos, que no tienen nada que hacer y todavía tienen ese sentido de la vecindad que se ha perdido en las ciudades.

        Oigo crujidos de ramas por todas partes. Serán los bichos del campo. Por aquí no debe pasar un alma casi nunca. Seguro que no están acostumbrados a ver gente. Espero que estén tan aterrados como yo y se escondan de mi vista. Lo cierto es que es hermoso todo esto y el paseo se está convirtiendo en una experiencia muy real. Es lo que quería, ¿no? Como cuando lo mandé todo a la mierda para vivir una historia de verdad con Pablo. “Arrepiéntete siempre de lo que no has hecho, no de lo que has hecho”, me digo a mí misma sin mucho convencimiento. Una frase muy bonita y muy complicada de poner en práctica.

        Hace seis meses me encontraba en un momento duro. Pensé que estaba enferma. No sabía muy bien qué era, pero era como si me faltase el aire, como si se me hubiera abierto un boquete en mitad del estómago y me fuera tragando a mí misma poco a poco. El trabajo, la casa, los niños, el marido, la rutina. La bendita rutina de mi vida gris. Entonces apareció Pablo y me mostró una vía alternativa de emociones que creía olvidadas. Fue como si de repente tapara el agujero por el que me estaba muriendo y me llenara de vitalidad. Dejó de importarme todo. Tan sólo quería sentir esa sensación de embriaguez que me llenaba cada vez que me hacía el amor en su apartamento repleto de objetos exóticos traídos de lugares a los que yo siempre quise ir y no pude, de los libros que yo no había escrito y en mi lugar lo hizo él, de la vida que yo había soñado cuando era más joven y que se había transformado en un matrimonio con hijos convencional. Con él, por primera vez en mucho tiempo, el mundo dejó de devorarme y empecé a devorarlo yo.

       Pero, como se suele decir, es peligroso conseguir lo que deseas, adentrarte en caminos tan tentadores. Al final, no todo es como parece y yo no soy la que pretendí ser, sino la que soy. Madre, esposa, trabajadora, una mujer anónima con una vida sencilla y cómoda. Echo de menos a mis hijos, levantarme cada mañana y darles un beso a cambio de sus gruñidos matutinos, despertarme a las ocho los sábados con sus gritos y sus risas, hacer un cocido a toda prisa para bajar a dar un paseo por el barrio y tomarnos el aperitivo en el bar cutre de siempre con los amigos simples de siempre. Y sobre todo, echo de menos los abrazos de mi marido, Juan. Él me recogía cada vez que me caía al suelo y me sentía a salvo…

       Ya casi es de noche. Los pinos se están transformando en figuras espectrales y la probabilidad de tener que pasar la noche al raso es cada vez mayor. El pánico se apodera de mi estómago y voy a vomitar. Quiero volver a casa. Si pudiera encontrar el camino de vuelta al pueblo, a mi vida… Creo que a lo lejos veo unas luces, pero ya no sé si son imaginaciones mías. A pesar de que se me están quedando las piernas entumecidas del frío, me obligo a seguir para averiguarlo. Por fin, ahí está. A lo lejos se ve el pueblo. Ya casi sueño con el baño que me voy a dar en la casa de mis abuelos en cuanto llegue. Fue una suerte conservarla y que nadie suela venir. “No hay mejor lugar para perderse”, me digo.

          Miro el móvil y me sorprendo de que tan sólo haya pasado una hora desde que salí. Estoy dejando atrás el bosque y siento que una parte de mí se ha quedado ahí dentro, pero no la echo de menos. Al contrario, me siento más ligera. Ha vuelto la cobertura y necesito hablar con alguien para decirle que estoy aquí y que estoy viva. Marco automáticamente y no me doy cuenta de a quién estoy llamando hasta que la voz grave y serena de Juan me contesta. “He vuelto”, le digo con un hilo de voz. Él me contesta: “Te estaba esperando”.



martes, 10 de julio de 2012

Hambre



Se entrenaban para estar muertos. El Mocos solía hacerlo de forma dramática hincando las rodillas en el suelo y dejándose caer hacia delante. Aseguraba que había visto morir así a un fusilado detrás del cementerio. El Pelao prefería caerse hacia atrás torpemente. Pero el que mejor lo hacía era Angelillo, el hijo de la viuda. Se agarraba el estómago con manos crispadas y se desplomaba poniendo un gesto de agonía tan real que daba escalofríos. A todos les sorprendía su manera de meterse en el papel porque, cuando volvían a su casa, por el camino seguía agarrándose la barriga y poniendo gesto de dolor.


sábado, 28 de abril de 2012

El verdadero peligro de los viajes astrales (13º puesto en el CONCURSO "EN 99 PALABRAS")

Hoy tengo el placer de presentaros mi micro que quedó en un honroso decimotercer lugar en el Concurso "En 99 palabras" organizado por Miguel Molina. Me quedé sin premio material pero tengo uno mejor, la prueba de que a muchos de los participantes les gustó mi relato. 

La noche que Aurora cerró los ojos y notó cómo se le salía el alma del cuerpo gritó aterrorizada. El fenómeno se fue repitiendo y terminó por acostumbrarse. Descubrió que podía atravesar paredes y al año ya estaba al corriente de los secretos más íntimos del vecindario. Según dominaba la técnica se hacía más audaz. Hasta que una noche se encontró flotando junto a Pilar, la del segundo izquierda, en el dormitorio de los Rodríguez-Bueno, nunca pensó que nadie más pudiera hacerlo. Desde entonces, apenas intercambian un “buenos días” en el ascensor calibrando mutuamente el tamaño de sus ojeras

lunes, 23 de abril de 2012

Colaboración con el Proyecto Celsius

Aunque por los pelos FELIZ DÍA DEL LIBRO


Fahrenheit 451

Era un placer quemar. Destruir todo aquello que pudiera perturbar la felicidad en la que vivían hacía sentir a Montag como un héroe. Pero eso fue antes de ver como aquella mujer prefería inmolarse junto a sus palabras de papel. Y antes de que Clarisse abriera una grieta en su conformismo. Luego todo se precipitó. La casa en llamas, la pérdida de su mujer-florero, la huida. Y por fin, el encuentro consigo mismo rodeado de desconocidos que atesoraban en su cabeza todos los libros, esperando una oportunidad para poder parir su biblioteca en un tiempo mejor.   
Mientras tanto, la guerra en la ciudad terminó casi antes de empezar. Y llegó la ocasión. “Sobre las cenizas renaceremos como el Fénix”, pensó Montag. “Todo cambiará para que nunca tengamos que volver a renacer. Construiremos un mundo nuevo con los libros viejos y con los que están por venir… Cuando lleguemos a la ciudad”.

viernes, 30 de marzo de 2012

Frío en el Caribe


Para caldear nuestro amor te llevé al Caribe. El termómetro marcaba 40 pero tu corazón ya se había congelado.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Los oídos de las paredes


Mi abuela tenía dieciocho años cuando estalló la guerra. Su padre, mi bisabuelo tenía una pequeña taberna y fama de albergar ideas de tintes rojizos. Los nacionales le pidieron dinero por conservar la taberna. Una excusa para tomar represalias ante el impago. Nunca supo cómo pero mi abuela decía que consiguió pagar y así conservar la vida. Poco después, junto con su madre y sus hermanas, huyó al campo para evitar que los fascistas hicieran escarnio de ellas. Habían comenzado a coger a las mujeres republicanas y a raparlas el pelo al cero. Luego les daban aceite de ricino y las exponían desnudas en la plaza del pueblo. Tal vez desde entonces se volvió la mujer prudente y callada que yo siempre conocí. “Ten cuidado con lo que dices, niña, que nunca se sabe quién te puede oír”, me decía.

lunes, 26 de marzo de 2012

Versos azules para almas incoloras (V)


Gira y gira. Una y otra vez.
Vueltas y más vueltas
flotando sobre tus alados pies
en una alfombra de nubes.
El crepúsculo divino se entretiene
en tu vestido vaporoso de sueños y esperanzas.
Juega; se enreda entre los hilos
de tu frágil alma de papel.
No vuelvas la cabeza, no mires atrás.
Es más bello lo que hay delante
porque es secreto.
Dulce misterio que encierra
futuras historias de amor y desamor.
Baila, baila mientras puedas
que yo te esperaré al final
para acogerte en un lecho de eternidad.

viernes, 23 de marzo de 2012

Renacer


El sol sale tras el horizonte acuático. Sentada en la arena dejo las olas lamer mis pies y los primeros rayos penetrar mi alma. Ahora, aquí, comienza el resto de mi vida.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Callejera


Fue una gata callejera de andar cadencioso y ojos que atravesaban el alma. Un día atraparon la suya y hoy lame sus heridas bajo un puente.

lunes, 19 de marzo de 2012

Versos azules para almas incoloras (IV)

 

Soy sólo un veneno, dulce y mortal
que eleva tu alma al infinito.
Te prendo de un hilo y lo corto,
y dejo caer tu frágil cuerpo
en mi trampa de deseo.

Pasiones que te embriagan
enredándote en mi velo
de sueños incumplidos,
pensamientos enfermizos.

Recuerdos desgastados por tu mente
que pasa una y otra vez sobre ellos
llevándose poco a poco su color.

Rotas emociones, vacías y muertas,
llenan ese agujero que te he hecho
sin apenas darte cuenta.

Placeres eternos que te atrapan
y te encierran en prisión de éxtasis.
Soy sólo eso: veneno puro
destilado de inservibles sentimientos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Las gafas


Usa las gafas de sol como escudo protector. Filtran los rayos UVA, los indigentes, los inmigrantes y hasta las embarazadas en el metro.

lunes, 12 de marzo de 2012

Las cigüeñas


Las cigüeñas revoloteaban en lo alto del campanario. Mi abuelo decía: no te pongas debajo, te van a poner perdida. Yo prefería arriesgarme y disfrutar en primera fila del espectáculo de alas, patas y picos surcando el cielo.

viernes, 9 de marzo de 2012

Drácula en el Cercanías


El conde Drácula viaja en tren. Lo veo subirse cada mañana a las siete y treinta y cinco en la estación de Zarzaquemada. Ya no lleva capa ni le tiene miedo al sol pero sigue chupando la energía de almas inocentes. Viste traje oscuro de ejecutivo jasp, lleva el pelo engominado y una sonrisa de medio lado imposible de resistir. Con su mirada sensual, magnética, te invita a tomar asiento y si por un instante la cruzas con la suya estás perdida para siempre… Todas las mañanas busco al conde Drácula como una adicta su dosis.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Greguería



El tenedor no es más que un aprendiz de peine que juega a acomodar los cabellos de los espaguetis.

lunes, 5 de marzo de 2012

Directo al corazón

El bisturí cortaba piel, grasa, músculo, hasta que topó con el alma. Un choque tan brusco que la hoja saltó y se le clavó en el corazón.

viernes, 2 de marzo de 2012

¿Error de cálculo?


Había cometido el error de casarse con Adela antes de completar el ciclo, apenas a los dos años de conocerse. Ahora, a los cinco años, inevitablemente se había vuelto a acabar. Lo bueno es que con Susana comenzaba un ciclo nuevo y tenía un lustro de amor eterno por delante.

P.D. Esta es otra versión, que acabo de encontrar en el ordenador, de un nanorrelato publicado hace un tiempo. Aquí os dejo el enlace.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Obstinación


Para no tener que quitar cagadas, cambiaron los nidos por hierros puntiagudos. Las cigüeñas son obstinadas. Ahora hay que limpiar la sangre.

lunes, 27 de febrero de 2012

Tristeza


Era tanta la tristeza que rezumaban sus ojos cada vez que los sacaba del fondo del vaso, que todos huían. Presto, el camarero le ponía otra.

viernes, 24 de febrero de 2012

Las siete vidas


Tenía alma de gata callejera: imposible encerrarla. Desde la ventana la ví, desmadejada en la acera, consumidas las siete vidas de golpe. 

miércoles, 22 de febrero de 2012

Naufragio


Son las doce horas, un minuto y quince segundos. La mesa está hecha un desastre, el champán por el suelo, cristales y cubiertos esparcidos. Y una pasta pegada en la alfombra mezcla de uvas y polvorones pisoteados. Ni cuando estaban los cuatro niños hubo tanto destrozo. Sus manos se aferran al palo de la fregona, único mástil en aquel naufragio. Él la mira con ojos vacíos desde el sofá, la cara azul y un hilo de baba dulce resbalándole por la comisura. Inmóvil, por lo demás. Como siempre.

lunes, 20 de febrero de 2012

El bulto


Los pechos rebosantes, doloridos, la lentitud de movimientos, la nostalgia de los besos, el resentimiento por el abandono y el odio por su causante, que llegó y se instaló en su vientre sin preguntar. Intentó ignorarlo, borrarlo de su mente. Pero aquello creció ajeno a los vaivenes del mundo. Y un día, sintió un desgarro en las entrañas y un bulto resbaladizo entre las piernas. Lo recogió entre las manos temblorosas y torpes y lo estrechó contra el pecho, dulce, fuertemente. Un poco más y ya no se oiría el maullido. Pero de pronto, sin saber cómo, el bulto se le prendió de un pezón. Ella aflojó el abrazo, lo miró por primera vez, alucinada… y nada más existió.

domingo, 19 de febrero de 2012

Así es imposible dormir (II Macroquedada de Microrrelatistas)

De la emoción me costó conciliar el sueño... Por que ayer, por si alguien no lo sabe,  nos volvimos a reunir unos cuantos viciosos de esto de juntar letras, unos cuarenta nada más. Después de llenarnos la barriga en la Casa de León, que se está convirtiendo en un lugar emblemático para los microrrelatistas, pudimos disfrutar de la lectura de micros de los nuevos y de los veteranos. Ni unos ni otros me defraudaron. Cuánto talento por descubrir hay por ahí. Luego vino el consabido intercambio de micros tuneados, en el cual tuve la fortuna de recibir el de Pablo Garcinuño. Además  de ser un micro excelente venía con un aparato la mar de útil. Pego foto por si alguien no lo vio. 

Te aseguro, Pablo, que no pienso tirarlo, que no están los tiempos como para derroches. Además el micro me encanta. Con tu permiso lo transcribo porque la foto no es muy buena y no se lee bien:


Así es imposible dormir

Cada noche se le aparece el fantasma de su abuela. La anciana va en pijama, bata y zapatillas de andar por casa. Su aspecto, a pesar de lo familiar del atuendo, es espectral. Se acerca al nieto y le dice con voz de otro mundo: "No me pises los fregaos". Luego suele desaparecer.

Genial. 

Para terminar el día nos fuimos unos cuantos a tomar unas cañitas y allí pude intercambiar impresiones (las mías buenas) con caras conocidas y nuevas. Me encantó volver a ver a mi ranita preferida, a la dinamitera del grupo, a la entrañable Su, a mi vasca del alma, a mi payaso loco y demás. Perdonadme si me olvido de alguno. Por supuesto, también me gustó ponerle caras a nombres que para mí son ya amigos, como Nicolás (con quién me quedé con ganas de charlar más), MJ, o Elysa.

Un abrazo fuerte para todos y gracias por hacerme un poquito más feliz. 

Sara NY





viernes, 17 de febrero de 2012

Tonalidades


De tanto llevar gafas de sol ya sólo veía la vida con colores sombríos. El amarillo era ocre, el verde era caqui y el rojo, sangre.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Gotas


Te miro tumbada en la arena. De pronto comprendo. Esa gota salada que lame tu espalda es hermana de esta otra que resbala por mi mejilla.

lunes, 13 de febrero de 2012

El impostor


De pequeño todos decían que era un niño con una imaginación desbordante. Un eufemismo trillado que ocultaba el frío diagnóstico del psicólogo infantil: mentiroso patológico. Al principio eran asuntos sin importancia, como inventarse que su padre era bombero o que su madre trabajaba de enfermera. Con el tiempo, la cosa se fue complicando. Al cumplir los doce años contaba a sus amigos que en las vacaciones había recorrido Alaska en el trineo de su tío o que en el trastero tenía escondido un pony que le habían regalado sus abuelos, los que vivían en Rusia. Así que mientras él disfrutaba de la admiración y el protagonismo de toda la chiquillería, narrándose a sí mismo como el personaje principal de historias a cuál más increíble, sus progenitores comenzaban a preocuparse por la fantasía constante en la que vivía su hijo. 

Con el tiempo, todos se acostumbraron a su manía de deformar la realidad a su antojo. Algunos optaron por esquivarle hartos de escuchar embustes y de intentar adivinar cuál de las palabras que salían de sus labios eran ciertas.  Otros, los menos, los que por parentesco no podían desvincularse de personaje tan exasperante y los poquísimos amigos que tenían la paciencia de escuchar sus desvaríos siguieron haciéndole de público impenitente. 

Los años le enseñaron que debía moderarse en su afición por los enredos si no quería ser repudiado por todos. Bastantes problemas le acarreó su vicio en la universidad y se metió en numerosos líos de faldas. De forma que intentó con ahínco corregirse, desintoxicarse, pero la falacia estaba ya tan arraigada en su ser, que formaba parte de su naturaleza. Aunque al final consiguió volverse más sutil, más elegante elaborando cuentos de tal modo que ya en la edad adulta consiguió embaucar a no pocos amigos, familiares y mujeres.

Contra todo pronóstico, se casó con una buena muchacha, tuvo un par de hijos y logró  prosperar como nadie en la multinacional en la que trabajaba. Siempre tuvo una memoria prodigiosa donde almacenaba con mimo todas y cada una de las patrañas que a lo largo de su  vida fue elaborando, con un departamento exclusivo para todo lo relacionado con sus múltiples asuntos de cama y otro, como no, para las conspiraciones empresariales.

El problema le surgió hace apenas dos años, recién jubilado. Un día se olvidó de su clave para acceder al móvil y estuvo una semana intentando recordarlo. Poco después confundió el nombre de su mujer con el de su última amante, un desliz imperdonable para él, todo un artista del embuste. Pero el hecho que lo llevó definitivamente a la consulta del neurólogo fue cuando firmó en el banco con otro nombre y se empeñó durante tres días en mantener que se llamaba así.  Luego vinieron las verdades ocultas, enterradas durante décadas y apenas entrevistas entre tanta ficción, el desprecio de los hijos ante el ser recién descubierto, la caída en desgracia, los insultos de propios y extraños, el abandono.

Sin embargo, a estas alturas, a él ya no le importa nada. Se ha perdido tan irremediablemente en su océano particular de historias no vividas, de imposturas y de nombres falsos que las pocas veces que consigue recuperar un trocito de su maltrecha memoria ya ni siquiera está seguro de que ese recuerdo pertenezca a su vida real o simplemente sea una escena de alguna de sus muchas fábulas. 


viernes, 10 de febrero de 2012

Piel


Volamos raudos a tocar su piel.
Pero ella,
indiferente a la guerra,
se tumbó sobre la hierba,
triste, indolente,
apenas un hilo de baba
resbalando por la comisura.
Más con desgana que por defenderse
 soltó la botella
y de la boca le salió un gemido,
¿acaso un estertor?
Algunos dudaban,
pero finalmente
volamos, corrimos,
reptamos todos a tocar su piel.
Era suave
y estaba aún caliente.
Tenía las manos finas
y un poco azules.
La invadimos sin pudor.
Se dejó hacer.
No podía hacer ya nada.
Subimos por su pecho
 y con paciencia
logramos horadarle el corazón.
Era dulce y brillante...
y un poco seco.
Otros, más golosos, más vagos
prefirieron libar de la botella
que yacía a los pies.
Murieron ebrios de pena.

Sara Nieto Yuste
España

Con este poema participo del cuarto Concurso de Poesía de Heptagrama.

miércoles, 8 de febrero de 2012

La suerte del principiante


No hacía calor, pero el sudor me empapaba las manos. Sujetaba el cartapacio con las escrituras del piso y los demás papeles. No sabía cómo decírselo. “Hijo, yo lo que quiero es poder morirme en mi casa”. “En mi casa”, recalcaba. Y su voz de vieja quebradiza sonaba en mis oídos de abogado recién estrenado. 

De pronto, el suelo tembló, y antes de que me diera tiempo a cruzar la calle, un estruendo descomunal me dejó clavado en el sitio. Atónito, comprobé cómo el edificio se caía a plomo entre una nube inmensa de polvo. Cuando se dispersó tan sólo quedaba un socavón. Tras el estupor inicial, respiré aliviado. Estaba vivo, no había tenido que darle las malas noticias a la señora Paquita y ella por fin había visto cumplido su sueño.

P.D. En este caso la foto es de Miguel Molina y está sacada de esta entrada.

lunes, 6 de febrero de 2012

Amor estacional


Aprovechando que aquel invierno fue el más crudo que se recordaba cogí un puñado de besos y los lancé al aire helado. Se congelaron casi al instante formando unos curiosos cubitos de formas y colores variados. Los junté amorosamente pensando en ti. Estaba segura de que te impresionaría mi regalo de cumpleaños y volverías a por más. Pero esta vez te los daría al natural. Los envolví con cuidado en papel de aluminio y los introduje en una bolsa de esas para conservar en frío, temerosa de que con el traqueteo del viaje pudieran deshacerse. Luego me dirigí a la oficina postal y dejé en manos del funcionario de turno mi paquete cargado de promesas en conserva. Para asegurarme de que llegaran a tiempo contraté el servicio urgente. Luego me senté a esperar junto al teléfono. Llevo dos meses en un constante ir y venir del contestador al buzón y sigo sin recibir noticias tuyas. Quizás me equivoqué de regalo y entendiste mal el mensaje de mis besos fríos. O quizás, a pesar de todas mis precauciones, se derritieron en el camino.

Por eso hoy he decidido intentarlo de nuevo y he ido recogiendo una a una mis lágrimas por ti. Aún están calientes pues aquí ya llegó la primavera, así que no hay riesgo de que se derritan esta vez. Sólo espero que al llegar a su destino conserven algo del calor con el que mi corazón te aguarda y para cerciorarme las he guardado en un termo. El de correos no sospecha que acabo de depositar mis últimas esperanzas en sus manos. Pesa el paquete y teclea el destino mientras se queja del calor. De pronto me sonríe y comenta el frío que debe hacer allá donde tú estás. “En las noticias dicen que hace tanto, tanto, que allí hasta las lágrimas se congelan”.

viernes, 3 de febrero de 2012

Suciedad


Con aliento de menta se sentía limpia al menos durante unos minutos al día. Lástima que no inventaran nada parecido para el alma.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Un milagro en la mesa


Habría sido muy eficaz. Estaba seguro. Habría podido incluso con los nudos rebeldes de Marinita por las mañanas… si el destino le hubiese llevado a la planta de fabricación de artículos de peluquería en vez de a la de cuberterías. Tenía un cuerpo brillante y espigado, de un acero anodino como cualquiera, pero todo sea dicho, con unas bonitas incrustaciones en oro: dos letras, la S y la T. La S por Susana y la T por Tomás. Se dijo que debía estar orgulloso pues no era un tenedor cualquiera, de los que se usan a diario para pinchar trozos de filete de segunda o vulgares tortillas francesas. Había sido encargado ex profeso para formar parte del ajuar del matrimonio García-Medina y descansar en su estuche junto con los demás componentes del regimiento a la espera cada Navidad de lucirse trinchando pavos, conteniendo sopas de marisco o cortando solomillos. Cada Navidad. Una vez al año. Una vez cada 365 días, a veces cada 366.

Menos mal que Jaime, el pequeño se aprendió pronto el escondite del cajón de los cubiertos y jugaba a hacer música con ellos a la primera de cambio. En esas ocasiones él siempre se las arreglaba para desaparecer bajo el sofá o para ser oportunamente empujado por un zapato al descuido y lo más cerca posible del baño. Desde allí suspiraba con ser un peine de finas púas y recorrer todos los días las melenas femeninas de la casa: la de Susana y por supuesto la de Marinita. Esos cabellos ondulados, de color miel le atraían de una forma irresistible. Envidiaba la colección de peines y cepillos que descansaban en perfecto orden de formación sobre la encimera del baño, siempre dispuestos a convertirse en un sagaz instrumento de tortura o de placer según la mano que los esgrimiese. Pero siempre acababa localizado y convenientemente guardado en su ataúd colectivo de terciopelo azul marino Allí, rodeado de mudos cubiertos a los que tanto les daba que fuera a acabarse el mundo mañana mismo su infelicidad, si es que los tenedores pueden sentirla, crecía un poquito más y se sentía desesperanzado.

Por eso el año que Marinita se empeñó en que pusieran espaguetis en Nochebuena y Susana accedió “a ver si por lo menos come algo, que esta niña se nos muere de hambre” casi no daba crédito. Y cuando en el reparto cayó en manos de la niña decidió creer en los milagros. Nunca en la historia de la cocina hubo unos espaguetis tan bien peinados.

lunes, 30 de enero de 2012

Un inesperado regalo de cumpleaños



Ayer me levanté con la grata sorpresa de un regalo tardío de cumpleaños. La autora de dicho regalo no es otra de nuestra ranita preferida. Ella ya sabe que me ha hecho una ilusión tremenda aparecer en su insigne blog. Para los que queráis echarle un vistazo al homenaje que Puck me ha ofrecido podéis encontrarlo aquí:

http://losjardinesdepuck.blogspot.com/2012/01/palabras-preciosas-de-sara-ny.html#comment-form

Feliz lunes a todos.

viernes, 27 de enero de 2012

Hechizo: Colaboración con "Escríbeme una ilustración"

Este miércoles salió publicada en el blog de Clara Varela (Clarulina) mi colaboración el proyecto "Escríbeme una ilustración". Aquí os dejo la ilustración y lo que me inspiró.



Hechizo
Lo que nadie sabe es que Blancanieves no era su nombre. Era más bien un apodo por el color extrañamente níveo de su pelo. Y lo que tampoco nadie supo nunca es que de quien estaba realmente enamorada era de la luna. Así que una noche decidió que ya no se separaría nunca más de ella. Se fue al bosque, se quedó desnuda y se tumbó en la urna de cristal del cuento. Dejó que los rayos fríos acariciaran su piel y fue tanta la emoción y alcanzó tal éxtasis que se quedó ahí plantada literalmente, hechizada por la presencia del astro, como aquella ninfa vegetal. Las noches sin luna se oye un triste lamento filtrado por las ramas pero cuando por fin aparece, sus hojas titilan como cristalitos de plata enamorados.

miércoles, 25 de enero de 2012

En el hospicio


Deseábamos con ansia ser mayores. En aquel hospicio el paso a la edad adulta lo marcaba el lugar donde te ponían el termómetro.

martes, 24 de enero de 2012

CUMPLEAÑOS FELIZ, CUMPLEAÑOS FELIZ....

Pues resulta que había una vez una mujer que desde pequeñita tuvo el gusanillo de escribir. Los años fueron pasando y ella no dejaba de rellenar compulsivamente cuartillas, libretas usadas y servilletas de bar. El vicio no se le quitaba a pesar del hastío de la cotidianeidad, del trabajo gris y de la exigencias de la maternidad y la vida corriente.

Un buen día y gracias a las nuevas tecnologías y a los ánimos incansables de su compañero de viaje (18.000 besos para él) se decidió a publicar sus cosillas en la red, con la sorpresa de que hubo gente a la que le agradaba lo que escribía. Poco después pudo conocer cara a cara a los autores de los comentarios, maniáticos de esto de juntar letras como ella y descubrió que eran muchos y muy buenos, buena gente y buenos escritores anónimos, nadando libres fuera del cauce comercial.

En fin, que hace un año que comenzó esta historia que me ha traído muy gratas experiencias y no quería dejar pasar la oportunidad de predicarlo a los cuatro vientos. Ni yo misma hubiera creído que llegaría a cumplir el añito.

Sé que soy inconstante y que tengo a mi criaturita un poquito abandonada pero siempre que puedo, vuelvo, la miro y me admiro. Le doy un beso, acaricio los comentarios de los incondicionales y me digo, mañana la peino y la visto de domingo. Mientras tanto aquí seguimos en la batalla tanto ella como yo.

Muchas gracias a todos por estar ahí y hacerme la vida un poquito más feliz.  

lunes, 23 de enero de 2012

El dolor del amor


Cómo le dolía escribir. Hacía tanto tiempo que no entregaba sus sentimientos al papel. Dolía tener que pensarlos, darles cuerpo, moldearlos en forma de palabras.

 No sabía cómo llamarle para referirse a él. Tenía nombre pero aún no era suyo como para que sus labios pudieran pronunciarlo. Le daba miedo escribir nada, pero ahí estaba, sentada junto a aquel aparato infernal del que tantas veces dependía la felicidad. Sabía que hoy no sonaría; en realidad dudaba de que alguna vez volviera a sonar con su llamada. Se terminó antes de empezar.

 Casi lo prefería, antes de que se conocieran lo suficiente para ver sus defectos, antes de que todo dejara de ser de color rosa. Era más bonito el recuerdo si no se empañaba con el hastío de verse las caras todos los días.

Aun así, le dolía. Pensaba que ya podía dolerle nada. ¡Qué ignorante era!, había pasado esos días creyendo que no le echaría de menos cuando todo acabase.

 Pero dolía; dolía más de lo que pensaba y bajo ese dolor concreto se escondía otro indefinido… El de saber que pronto se perderían el uno en la memoria del otro, para siempre.

viernes, 20 de enero de 2012

Libre


Con paciencia logró afilar lo suficiente el mango de plástico. Por fin pudo trazar sobre sus venas el mapa que la condujo fuera de aquella jaula.

miércoles, 18 de enero de 2012

Febril


A veces echo de menos cuando el termómetro subía a 40. Pasamos del amor febril a la gélida indiferencia.

lunes, 16 de enero de 2012

El día que dejamos el pueblo


“Al diablo con la Rosa. Que le den a la Juliana”, mascullaba mamá entre dientes. “Basta ya de secretos y de esquivar miradas furtivas tras las cortinas”. Se puso sus mejores ropas, me agarró con decisión y salimos por la puerta. “Levanta bien la cabeza, Agustín, que hoy vamos a ver a tu papá”, dijo en voz bien alta al pasar frente las casas de las cotillas. Y, confundido pensé que mi madre había perdido la chaveta porque en vez de ir al cementerio fuimos directos a la casa del cura. 

viernes, 13 de enero de 2012

Mis almas favoritas


La última alma humana dormita en un rincón de mi desván, apática y gris. He llenado las paredes de fotos suyas, la convoco con mil rituales, pero ya no viene. Son todas iguales: se desprenden de su cáscara de huesos y piel y terminan por evaporarse tarde o temprano. Y eso que a ésta le dejé el cuerpo bien cerca, apenas a unos metros en el jardín, en vez de llevarla con los demás… Aunque no me importa. Aún sigo oyendo los ladridos de Rosco y los gruñidos de Tuna. Menos mal que mis perros son otra cosa.

miércoles, 11 de enero de 2012

Soledades


La última alma humana duerme arrinconada en el desván, apática y gris. Juana la convoca cada día como le enseñó la abuela, pero ya no viene. Se empeña en dejarla sola en esta casa fría, llena de objetos inmóviles y sin lamentos que la acunen por las noches. Todos se han ido ya, vivos y muertos. Nunca los distinguió bien, con tal de que le dieran compañía. Pero pronto tendrá que conformarse con los fantasmas de sus perros. Así que sube al desván y, acurrucada junto al deshilachado espectro, espera a que cuando se desvanezca se la lleve con él.