martes, 13 de diciembre de 2011

Sueños


De niña jugaba a imaginarme imposibles. En mis sueños me gustaba volver las cosas del revés. Los extensos campos de encinas que atravesábamos para llegar al pueblo de mis abuelos se transformaban en el jardín de juegos de un enorme gigante que vivía tras las montañas. Cuando nadie lo veía caminaba sin cuidado pisando las copas de los árboles que le hacían cosquillas en los pies, como cuando yo pisaba el musgo sobre las piedras. Si tenía sed se arrodillaba a beber del río más cercano, un simple arroyo para él. Y el pobre, ignorante, no sabía que a su paso aplastaba sin conciencia pequeñas liebres, jabalíes, y las ovejitas de esponjosa lana que para él serían unas pelusillas sin importancia. Con terror comenzaba a imaginarme y casi creía ver cómo se acercaba a la carretera por donde nosotros circulábamos y entonces jugaría con nuestro coche igual que lo hacía mi hermanito de dos años. Nos golpearía contra el suelo y nos lanzaría lejos, muy lejos, más allá de las montañas y entonces el cuento dejaba de tener gracia. Cuando llegaba por fin a la casa de mis abuelos me metía debajo de la cama y no salía en todo el día, hasta que comprobaba que mi gigante se había disuelto entre los hilos de mi imaginación.

4 comentarios:

  1. El otro día tuve que acudir a los gigantes para explicarle a mi hija por qué no debe sacar a los pequeños animalitos de su hábitat, tenerlos unos días en casa y luego dejarlos en cualquier otro sitio (en concreto un caracol). Algo así como has contado quise decirle a mi hija, si lo sé espero a que lo escribas.
    Un abrazo

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  2. Pues te lo regalo Anita, para tu hija.

    Besitos

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  3. Me he reido imaginando lo que pensarían los abuelos ante esa actitud. Difícil que pensaran donde le había llevado la imaginación a su nieta...

    Me ha gustado mucho.

    Besitos

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  4. La lógica infantil es siempre impecable. Lástima que... bueno, me callo, que ya iba a empezar a irme por las ramas. Me estoy haciendo viejo. Voy a tener que empezar a andar hacia atrás...

    Precioso, Sara. Muy tú.

    Besos payasos.

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