viernes, 30 de diciembre de 2011

La noche


Mi niña bonita no quiere dormir. Mi niña chiquita llora y se desconsuela porque el día acabó. La noche vino con su manto oscuro de estrellas y luna y sueños por cumplir. Pero mi niña bonita no quiere dormir. El llanto se extiende y flota y traspasa las habitaciones y llega al alma. No entiende mi niña que la noche llegó pero que no es el fin sino el principio de un mañana lleno de esplendor.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

En el país de las maravillas




Un olor acre penetró por su nariz casi al mismo tiempo que la naúsea se formaba en la boca de su estómago. Su príncipe, su niño yacía inconsciente en el suelo de aquella chabola inmunda. A su lado dormitaban dos piltrafas, restos de lo que un día fueron personas. Todos acababan de comprar un billete al país de las maravillas y se encontraban en pleno vuelo. Las jeringuillas por el suelo, las cucharas oxidadas, mugrientas, revueltas entre restos de algo que parecía comida, orines y mierda. Reprimió el vómito, buscó en sus recuerdos el niño dulce y sonriente que acunaba cada noche, para espantar a los monstruos. Y sacó del bolso una jeringuilla. Había tenido que pedir al tipo que se la vendió que se la preparara. Se acordó de cuándo le ponía la heparina a su padre postrado en la cama. Se acercó al despojo que era su hijo, se la clavó y nada más existió.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Cosechas


Sin duda no hay nada como tumbarse relajado, con música de fondo acariciando tu oído. Poder mirar a través de este ventanal enorme el inmenso campo de viñedos que se extiende hasta el horizonte y saborear este vino tan delicioso. Una cosecha estupenda la de aquel año… Matilde consiguió una añada excelente y yo algo mejor: caldear su frío corazón y un contrato matrimonial en régimen de gananciales. Era tan hermosa… y tan hija de puta…
Quién iba a pensar que se iría tan pronto. Sería feliz tumbado aquí mirando mis extensas propiedades si no fuera porque la muy zorra se empeña en sonreírme y saludarme con la mano desde allí abajo.

viernes, 23 de diciembre de 2011

La otra cara del invierno


Hoy no hay mucha gente por la calle. Claro, con este frío. Menos mal que el quiosquero de la esquina me ha dado estos cartones tan buenos. Entre eso y el par de mantas gordas que me dieron el otro día creo que podré aguantar bien. ¡Que sí, cómo no voy a aguantar si yo he estado a 20 bajo cero allá en mi país!... El caso es que hoy tengo frío... Bueno, será normal, ya no soy tan joven y además ya me había acostumbrado a los inviernos suaves de Madrid. Y de repente este año le da por hacer un frío de la hostia.

El caso es que yo debería aguantarlo bien, pero hoy... Será que ya llevo varios días aquí sin moverme de mi cajero. Pero es que no tengo ganas de andar por ahí. Hace mucho frío. Y además he visto a un tío nuevo que no hace más que merodear para levantarme el sitio al primer descuido. Así que no pienso moverme. Menos mal que Mariluz me trajo ayer un par de cartones de vino. Es buena gente esta tía, la pobre. No sé porqué estará en la calle, si parece guapa y educada. Bueno, a veces se le va un poco la olla, creo que no está bien del todo. Vete a saber.

Voy a echar un trago de vino a ver si entro un poco en calor. Lo que daría por una buena botella de vodka, eso si que te hace entrar en calor y no esta mierda de agua sucia que te venden por vino. En fin, es lo que hay... ¡Vaya, si juraría que ha caído un copo de nieve!... No puede ser. Sí, si puede ser. ¡Cómo cae! Yo creía que en España no nevaba... No siento la mandíbula. Los dedos hace días que no los siento del todo... ¡Joder, qué frío!. Como esto siga así me voy a congelar.

Qué perra es la vida, tiene cojones, dar tantos tumbos por el mundo para morir de frío en el país del sol. Mira, socio, te digo una cosa, cómo pasen otra vez los polis y me digan que me vaya al albergue me voy. Hoy si que me voy, y mira que me jode, ¿eh? Que yo siempre he sido un tío duro y además no soporto que nadie me diga lo que tengo que hacer, ni dónde tengo que dormir, ni qué tengo que comer. Pero hoy me duelen tanto los dedos... Podría irme al metro. Pero no, está muy lejos y no tengo ganas de moverme... Además, seguro que está lleno de gente y no quiero hablar con nadie. Hoy no.

Pero ¡qué van a pasar los polis!. ¡Qué va a pasar nadie por aquí ya con lo que está cayendo!... Ya deben ser las ocho porque la vieja de la floristería se acaba de ir. Hoy ni siquiera ha salido a echarles la bronca al par de chicas que se han parado en la puerta a tocar sus putas plantas. Debía tener frío la vieja y pocas ganas de salir a ponerse a gritar como una loca bajo la nevada. En fin. Voy a echar otro trago de vino, que me está entrando sueño a ver si me entona y me duermo y pasa pronto esta noche de perros.

Y pensar que yo he pasado los inviernos a veinte bajo cero... Será que me hago viejo, será que me he acostumbrado al calor de Madrid. A ver si pasan los polis y me dicen que me vaya. Y llaman a una ambulancia y me llevan porque yo ya no puedo moverme. No tengo ganas... Vaya! Vienen dos niñatos con ganas de juerga. Pues bueno, pues si quieren que me den. Creo que hoy ya no siento nada. Voy a echar un trago. Bueno, ya se van, con este frío se irán a su casa los cabrones, claro. Aquí van a estar perdiendo el tiempo con una mierda de mendigo.

Tengo mucho sueño. Voy a echar una cabezada que ya se me está pasando el frío. Ya me encuentro mejor, qué sueño más dulce me está entrando. Hacía tantos años que no dormía tan bien. Sí, ahora lo recuerdo, desde que era un niño y mi madre me cantaba nanas mientras yo me quedaba dormido, acurrucado en mi cama caliente bajo el peso de las mantas suaves y blandas. Y mi madre canta y yo me duermo y me acurruco más bajo mis mantas y al fin siento su beso cálido y dulce en mi frente de niño inocente.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Versos azules para almas incoloras (III)



Soñé estar despierta y levantarme de la cama.
Soñé que andaba, que comía y que hablaba.
Constantemente igual, con las mismas personas,
con la misma voz.
Soñé que soñaba estar en el mundo y ser una más.
Desperté envuelta en sudor.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Regalo de Navidad


Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo. La esconderé para que no me la quiten los otros. No me importa que esté azul y fría y ya no diga mamá. Me la encontré rebuscando comida y de tan contenta que estoy hasta se me quitó el hambre. Lo dice el señor cura cuando viene, con su pañuelo en la boca para taparse las ansias, que hay que tener fe y rezar. Sobre todo en esta época. Mi papá no se lo cree mucho pero yo anoche pedí mi deseo y mira. Mi muñeca bebecita, tan linda, envuelta en su mantita, dentro de su bolsita de basura.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Contagioso


Tenía el alma gris a fuerza de tanto lavarla con oraciones diarias y misas de domingo sentado en la primera fila. No se perdía ni una, pues estaba convencido de que hacer acto de presencia bastaba para conseguir puntos para entrar al ansiado cielo. Sin embargo hay manchas que no se quitan y cuando el material no es de calidad vuelven a aflorar a la primera de cambio. Por eso cuando vio aparecer al nuevo párroco procedente de Guinea Ecuatorial tan joven, tan moderno y tan negro, se negó a tomar la comunión de sus manos por miedo al contagio. No sabe el beato que el alma se le ennegreció de nuevo sumergida en su mar de prejuicios.

martes, 13 de diciembre de 2011

Sueños


De niña jugaba a imaginarme imposibles. En mis sueños me gustaba volver las cosas del revés. Los extensos campos de encinas que atravesábamos para llegar al pueblo de mis abuelos se transformaban en el jardín de juegos de un enorme gigante que vivía tras las montañas. Cuando nadie lo veía caminaba sin cuidado pisando las copas de los árboles que le hacían cosquillas en los pies, como cuando yo pisaba el musgo sobre las piedras. Si tenía sed se arrodillaba a beber del río más cercano, un simple arroyo para él. Y el pobre, ignorante, no sabía que a su paso aplastaba sin conciencia pequeñas liebres, jabalíes, y las ovejitas de esponjosa lana que para él serían unas pelusillas sin importancia. Con terror comenzaba a imaginarme y casi creía ver cómo se acercaba a la carretera por donde nosotros circulábamos y entonces jugaría con nuestro coche igual que lo hacía mi hermanito de dos años. Nos golpearía contra el suelo y nos lanzaría lejos, muy lejos, más allá de las montañas y entonces el cuento dejaba de tener gracia. Cuando llegaba por fin a la casa de mis abuelos me metía debajo de la cama y no salía en todo el día, hasta que comprobaba que mi gigante se había disuelto entre los hilos de mi imaginación.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Versos azules para almas incoloras (II)


Allí donde mueren las flores,
allí donde nace el silencio. Allí quiero ir.
Donde las almas cantan,
donde el amor es un niño
y donde no hay sol.
Allí quiero volar.
Cuando las estrellas se confunden
con el color del cielo.
Cuando mi cuerpo es etéreo.
Cuando los sonidos no se oyen
y cuando el agua se convierte en fuego.
Allí quiero estar.
Y morir mil veces.
Y nacer mil veces.
Para nunca volver a morir
y a nacer en el mundo de los sueños.


viernes, 9 de diciembre de 2011

En silencio


El sol abrasaba. Los perros buscaban sombra. El entrechocar de picos y batir de alas acallaban nuestros gemidos a la hora de la siesta.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sabiduría


“Muerto pero mío”, murmuraba la madre mientras la sacaban a rastras detrás de la otra, los ojos llenos de ira clavados en la espalda de su enemiga y una media sonrisa triunfal. El rey, sentado en su trono, observaba sorprendido y se lamentaba en silencio buscando una solución. En cuanto salieron, hizo una seña al esclavo para que se acercara. “Entrégaselo a tu mujer, acaba de parir y tendrá leche de sobra. Ah, y avisa al cronista de que no escriba lo que ha pasado. Ya le comunicaré yo la versión oficial.”

lunes, 5 de diciembre de 2011

Versos azules para almas incoloras (I)


Sólo soy un suspiro evanescente
que vaga entre las almas perdidas.
Sólo soy esencia pura ya marchita
que vaga entre las flores frescas.
Sólo, amor, sólo soy eso.
Mi cuerpo se desvaneció a su paso
por el mundo en busca de tus besos.
Ya no soy nada; ya no eres nada.
Pero a veces me reflejo sutilmente
y muy fugaz en el color de tu mirada.