lunes, 7 de noviembre de 2011

Sobras


Saqué una latita de sardinas y se la ofrecí. El pobre se la comió con ansia de hambre atrasada y cuando terminó, la relamió de tal forma que se cortó la lengua con el filo de la lata. Fue un cortecito de nada, pero lo suficiente para que la sangre comenzara a resbalarle de forma obscena por la comisura de los labios. Entonces me dio un vuelco el estómago y no pude evitar sentir cierta compasión por él. Después de tantos años en la calle había visto pocas veces tanta necesidad, tanta desesperación. Al fin y al cabo en una sociedad consumista hay sobras por doquier... si se sabe cómo encontrarlas. Se ve que era novato en esta vida. Por eso, y porque hacía ya mucho tiempo que nadie se acercaba a mi rincón. Sobre todo desde que corrió el molesto rumor de mi canibalismo.

5 comentarios:

  1. Buenísimo. Cuando se cortó con la lata y la sangre le resbaló por la comisura de los labios algo me olía yo. Me ha encantado. Muy bien escrito. Mar Horno.

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  2. Esta latita de sardinas me suena, jeje. Me ha gustado, muy visual.

    Besos desde el aire

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  3. Sara, no me extraña que nadie se acercase por allí, aunque muchas veces nos dejamos llevar por los rumores. Un error.
    Me gustó mucho.
    Un abrazo.

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  4. Muy visual, Sara y con cierta intriga final...

    Me ha encantado

    Besitos

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  5. MAR: Muchas gracias por tus elogios. Me gusta que te guste.

    ROSA: ¿Tú también estuviste por allí?

    NICOLÁS: Ya, aunque yo creo que en este caso los rumores son fundados. O como diría el refranero español "Cuando el río suena, agua lleva".

    ELYSA: Me gusta que me haya salido visual. Gracias.

    Besotes fuertes a todos/as

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