lunes, 14 de noviembre de 2011

El recuerdo


Durante horas estuvieron los amantes juntos, acariciando sus cuerpos, besando sus bocas y entregándose a los eternos juegos del placer. Él susurraba palabras de amor en el oído de su amiga y ésta, con sus profundos ojos oscuros, le miraba complacida, sonriéndole, besándole con renovada pasión. 

 Hace ya tiempo que ambos se conocían y el amor que nació entre ellos tocaba a su fin. Ella lo sabía y los ojos se le llenaban de lágrimas al pensar cuánto le echaría de menos. Pero su amante de esto no se dio cuenta. Por el contrario, le pedía entre enfados y zalamerías unas pocas palabras que correspondieran a las suyas, ya que nunca decía nada como si no le importase, decía. Ella le besó con infinita ternura en la mejilla, mientras de los labios de su compañero se le escapaba un dulce “te quiero”

 Pasó el tiempo y el olvido lo cubrió todo. Una tarde la recordaba dulce, serena. Su cuerpo blanco y ágil y sus labios dispuestos a recibir siempre su amor, mientras miraba sumido en una extraña tristeza las gotas de lluvia pegada al cristal. De repente se preguntó ¡dónde estaría, qué sería de ella! Hacía ya tanto que no volvió a llamarla.

Sintió melancolía de aquellas noches agradables y quiso volver a la habitación del viejo hotel en el que la vio por última vez, tan dulce y tan lejana. Quiso hablar con ella y marcó su número. Una voz rota, de mujer vieja, le contestó en tono pausado.

 Frente a la ventana en la que ambos se abrazaron fuertemente por última vez se esforzaba en comprender las palabras que la mujer le dijo por teléfono. Y su mirada fija en el cristal que, empañado de su aliento, devolvía dos palabras escritas hace mucho. Las últimas de su amante: “yo también”

2 comentarios:

  1. Sara, ¿por qué el amor es tan difícil? Es una pregunta imposible de contestar. Tu relato lo muestra bien.
    Me gustó mucho.
    Un abrazo.

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  2. Gracias, Nicolás. Me alegro de que te gustara. Es un relato antiguo desempolvado del cajón de los recuerdos. Se nota un poco, ¿verdad?

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