jueves, 17 de noviembre de 2011

Las lágrimas del murciélago


Como tantas veces había hecho de niño con los murciélagos en el pueblo, cogió un cigarrillo y lo acercó cuidadosamente, casi con mimo. Observó con curiosidad cómo se agrandaba el cerco de piel quemada formando un círculo perfecto. Eran órdenes, se decía, él sólo las acataba. Pero descubrió con asombro una sensación casi olvidada. Al igual que las delicadas alas de aquellos bichos, la superficie suave sufría una transformación que le seguía fascinando. Sólo una cosa le molestaba ligeramente de su nueva víctima comparándola con aquellos otros. Los murciélagos no lloraban. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

El recuerdo


Durante horas estuvieron los amantes juntos, acariciando sus cuerpos, besando sus bocas y entregándose a los eternos juegos del placer. Él susurraba palabras de amor en el oído de su amiga y ésta, con sus profundos ojos oscuros, le miraba complacida, sonriéndole, besándole con renovada pasión. 

 Hace ya tiempo que ambos se conocían y el amor que nació entre ellos tocaba a su fin. Ella lo sabía y los ojos se le llenaban de lágrimas al pensar cuánto le echaría de menos. Pero su amante de esto no se dio cuenta. Por el contrario, le pedía entre enfados y zalamerías unas pocas palabras que correspondieran a las suyas, ya que nunca decía nada como si no le importase, decía. Ella le besó con infinita ternura en la mejilla, mientras de los labios de su compañero se le escapaba un dulce “te quiero”

 Pasó el tiempo y el olvido lo cubrió todo. Una tarde la recordaba dulce, serena. Su cuerpo blanco y ágil y sus labios dispuestos a recibir siempre su amor, mientras miraba sumido en una extraña tristeza las gotas de lluvia pegada al cristal. De repente se preguntó ¡dónde estaría, qué sería de ella! Hacía ya tanto que no volvió a llamarla.

Sintió melancolía de aquellas noches agradables y quiso volver a la habitación del viejo hotel en el que la vio por última vez, tan dulce y tan lejana. Quiso hablar con ella y marcó su número. Una voz rota, de mujer vieja, le contestó en tono pausado.

 Frente a la ventana en la que ambos se abrazaron fuertemente por última vez se esforzaba en comprender las palabras que la mujer le dijo por teléfono. Y su mirada fija en el cristal que, empañado de su aliento, devolvía dos palabras escritas hace mucho. Las últimas de su amante: “yo también”

viernes, 11 de noviembre de 2011

Psicofonías


-¿Lo has oído? Esta vez lo has tenido que oír. Ha sido clarísimo.
- Me ha parecido oír algo pero no sé.
-Seguro que ha quedado registrado. Vamos a poner el magnetófono a ver si lo ha recogido.

En el viejo hospital el silencio era absoluto. Rebobinaron la cinta, se colocaron los auriculares y se pusieron a escuchar. De forma nítida se oía la voz de uno de ellos que preguntaba: ¿Estáis aquí?, ¿decidnos que os pasó? A los poco segundos un ligero ruido seguido de un murmullo provoca que sus corazones se aceleren. No hay duda, esta vez sí han obtenido algo pero no saben muy bien si sentirse decepcionados, sorprendidos o insultados cuando oyen con claridad una voz de ultratumba pronunciar en perfecto castellano: ¡Imbéciles!

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Vacío


Le cobran en aquella fila de la izquierda, si no le importa, contestó con cara de vinagre la dependienta de la pastelería. Era Navidad. Una fila de borregos hacía cola para obtener un roscón de Reyes. Él también, era tradición. Estaba solo. No tenía amigos, no tenía hermanos. Su madre, viuda desde hace años, había muerto dos meses antes. Salió a la calle y no pudo resistir la tentación de abrirlo para buscar la sorpresa, pero por más que hundió los dedos en la nata no encontró nada.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Sobras


Saqué una latita de sardinas y se la ofrecí. El pobre se la comió con ansia de hambre atrasada y cuando terminó, la relamió de tal forma que se cortó la lengua con el filo de la lata. Fue un cortecito de nada, pero lo suficiente para que la sangre comenzara a resbalarle de forma obscena por la comisura de los labios. Entonces me dio un vuelco el estómago y no pude evitar sentir cierta compasión por él. Después de tantos años en la calle había visto pocas veces tanta necesidad, tanta desesperación. Al fin y al cabo en una sociedad consumista hay sobras por doquier... si se sabe cómo encontrarlas. Se ve que era novato en esta vida. Por eso, y porque hacía ya mucho tiempo que nadie se acercaba a mi rincón. Sobre todo desde que corrió el molesto rumor de mi canibalismo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

El que no se consuela...


Me acerco y anoto sus nombres. Son nombres vacíos, huecos de significado para mí. ¿Cómo serían las personas que se esconden tras esos cúmulos de letras? Algunos son sonoros y rimbombantes, nombres con sombra de abolengo sin duda, pienso yo. Otros, los más, son comunes, fáciles de olvidar, nombres de andar por casa... ¿Ha terminado ya? Me hostiga el funcionario del registro civil. Yo le devuelvo el bolígrafo sobado y me voy tan contenta convencida de que tengo un antepasado noble en mi gris familia. Si ya sabía yo que tenía gusto de rica...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sombras (II)


Mi abuela decía que el alma de las personas es su sombra. Hoy llevo todo el día buscándomela y no la encuentro. Empiezo a sospechar…