lunes, 22 de agosto de 2011

El tiempo en una sonrisa


En Toledo se enamoró un judío de una cristiana, un converso de una musulmana, una reina de bufón, un obispo de una meretriz, un juglar de una novicia, un rabino de una dama, un pintor de una muchacha… Unos amores fueron más afortunados, otros menos pero todos por igual al cabo dieron su fruto. El amor vive en Toledo y siempre fue caprichoso… , decía Jimena sin dejar de sostener mi mirada con sus ojos cristalinos, profundos y hechizantes. Yo dejaba que hablara, que su voz suave, crisol de otras muchas voces de muy diversos pasados acariciaran mi oído. Que me deleitara con historias de otros tiempos vividas en los mismos escenarios por los que paseábamos.

Tan absorto estaba disfrutando de la cercanía de su cuerpo cálido, de sus ojos de miel, que lo único que acerté a decir cuando me preguntó algo que no entendí bien fue: “¿puedes añadir a tu árbol genealógico un neoyorquino?” Jimena entonces, se detuvo y esbozó una sonrisa que contenía la dulzura de todas las mujeres tan dispares que la precedieron. Las campanas de la catedral comenzaron a tocar el ángelus y el tiempo se detuvo para siempre en esos labios.


1 comentario:

  1. A éste me contesto yo misma, más que nada por no ver el cero. Bueno y también porque me gusta mi micro, oye. (Porque yo lo valgo)

    Besos pa mí misma.

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