jueves, 30 de junio de 2011

Cosas de vecinos

Cuando llegan arriba el antenista y Javier se encuentran a Benito, del quinto izquierda, escopeta en mano. “¡Que no toquen la antena, coño! ¡Bájense de mi tejado!”
Confiando en las palabras, Javier se acerca. De repente, siente una quemazón en el estómago. Las piernas se le doblan y lo último que piensa es: "en qué hora vine a este piso de mierda. Barato, sí, pero lleno de viejos idos. Por qué bajaría a la reunión y diría que entendía de pleitos. Por qué me nombrarían “Jefe de la Comisión de Gestiones Televisivas”. Que mira que sonaba rarito. Al principio hasta me hacía gracia que las viejas me llevaran el menú diario a casa. Pero luego me espiaban y hasta se aprendieron mi vida, clave del móvil incluida. Por qué apagaría la hoguera que el Sebas hizo en su salón el mes pasado como allá en el campo.
En qué hora..."

lunes, 27 de junio de 2011

Relato leído en la radio




Pues resulta que el otro visitando el blog de Acuática (por cierto, mi enhorabuena por la organización del Concurso "No me vengas con historias" y por esos zorro-lobos que se ha currado. Diga ella lo que diga le han quedado chulísimos) me he encontrado que en una de sus entradas hacía mención a algunos micros que se habían leído en "El Planeta de los Libros". Y mira tú por dónde, que oyendo el podcast me encuentro con uno mío: Reencuentro. Aquí os dejo el enlace por si queréis oírlo. Está en el minuto 44:33.

http://www.elplanetadeloslibros.com/html/audio-205-acampada-sol.htm

Y si queréis releer el texto podéis hacerlo en este blog puesto que ya lo publiqué en su momento

http://palabraspreciosas.blogspot.com/2011/05/reencuentro.html

Buen lunes

jueves, 23 de junio de 2011

Mi tío Ernesto

Aquí os dejo mi aportación al Vendaval de Microrrelatos 2011. Ha sido todo un placer poder participar en esta estupenda iniciativa y compartir espacio virtual con tantos buenos autores.


Pendenciero y haragán a partes iguales, justiciero de pacotilla y fumador empedernido. Sin embargo no sé qué tenía para las mujeres, que las volvía locas. Le conocimos unas cuantas dispuestas a reformarlo, pero todas acabaron renunciando. Trabajar no le hizo falta. Se  sacaba lo justo para unas birras aparcando coches, gorra en mano. Vivía casi permanentemente en la calle, durmiendo a la sombra o de tertulia con compañeros de vicio. Un día, con ya más de cuarenta, convertido en una piltrafa con aires de héroe, quiso defender a un amigo marroquí de unos niñatos rapados. El morito murió de la paliza y él de milagro pudo contarlo. En la residencia le aparcan cada mañana junto a los demás paralíticos, en riguroso orden de formación, listos para el desayuno. Por la noche, Rosi, su enfermera favorita, a escondidas le enciende un canuto y le posa solícita la mano en la bragueta.

lunes, 20 de junio de 2011

Déjame marchar


Como los ángeles al caer el sol, 
como el azul del mar que precede a la tormenta,
impaciente, expectante.
Como una solitaria luciérnaga que revolotea alrededor de  una bombilla, 
ingenua, soñadora.
Como la sombra de una figura transparente que está, pero ya no es.
Así vivo, así muero cada vez que pasas a mi lado y no me ves...
Y no me verás nunca 
porque ya no estoy aunque estoy siempre contigo, 
porque ya no me sientes aunque me sientes cada noche al acostarte, 
porque ya no me quieres aunque me quieres en el fondo de tu alma 
y no lo sabes.
Porque hace tiempo que me fui.
Tu mano quiso sujetarme.
Pero caí.

jueves, 16 de junio de 2011

Ciclos


Había llegado a la conclusión de que su vida se desarrollaba en ciclos. Y de que el cinco era su número. Así que esta vez tenía que ser la definitiva. Después de cuatro relaciones fallidas que duraron cinco años cada una, conoció a Adela, la quinta. Lo malo es que para ella, él era sólo el cuarto. 

lunes, 13 de junio de 2011

Espejismo

 
Desde que aquella chica le ofreció esa manzana en el súper no había comido tanta fruta en su vida. Se había quedado  parado frente al expositor hipnotizado por el rojo brillante. “Pruébala”, le dijo al tiempo que sonreía amablamente, “son de calidad superior y además están de oferta”. Así que todos los días a la hora del desayuno se escapaba el tiempo justo de ir a comprar “su” manzana y ver a “su” dulce Eva. Cambió sin darse cuenta su dosis diaria de cafeína y aburrimiento por una de antioxidantes naturales e ilusión. Pero un día acudió a su cita con su frutera favorita y en su lugar se encontró un chico gordo y con granos. Tenía aspecto de comer muchos bollos y poca fruta. Las manzanas ya no estaban de oferta. Al día siguiente volvió a su café.

sábado, 11 de junio de 2011

Amor al fin y al cabo







La bala en la sien para él. 
Para ella el puñal en el corazón, 
la rosa en la mano y un beso en la boca. 
Romántico hasta el final.