martes, 29 de marzo de 2011

La princesa


A él le gustaba escribir cuentos. A ella le gustaba vivirlos. Hizo de él su paladín forzoso rescatándola de dragones encarnados en porteros de discoteca. Siempre tuvo una curiosa habilidad para perder zapatos por doquier y aunque no se llama Alicia adora viajar al País de las Maravillas. Últimamente pasa tanto tiempo allí que él se ha visto obligado a encerrarla en una torre de oro, como aquella Rapunzel. No hay trenzas para llegar a ella. El Diazepam hace las veces de escalera.

jueves, 24 de marzo de 2011

De uno en uno

Las ideas bullen en su cabeza. No le dejan dormir. No le dejan comer. Escribe compulsivamente intentando dar salida a todos los personajes que abarrotan su cerebro. Pero las manos son más lentas que su mente. Se agolpan en las yemas de sus dedos formando un atasco monumental. Se mezclan escenarios de selvas, ciudades, hogares, con personajes variopintos de amas de casa, sicarios, trapecistas, niños gordos y ejecutivos vestidos con trajes de Armani. “¡Al menos guardad el orden y salid de uno en uno!”, aúlla desesperado golpeándose brutalmente contra la mesa. Entonces, unas manos comienzan a emerger de la brecha, luego una cabeza. Mira hacia abajo y hace señas: despejado. Tras el faquir, sale una bailarina haciendo piruetas, luego un payaso triste, una niña con coletas, una anciana decrépita arrastrando sus pantuflas… En silencio uno tras otro van formando una curiosa fila que se coloca en círculo alrededor de su creador. Impacientes, esperan instrucciones.

domingo, 20 de marzo de 2011

Etérea



Abrí los ojos. Tenía una sensación extraña. No conseguía centrarme. Era como si estuviera borracha, todo me daba vueltas. Pero me sentía ligera como la brisa, suave como una pluma. Me miré las manos y eran translúcidas. Me miré el cuerpo y era humo. Era sólo esencia, sin forma, libre, etérea. Curiosamente me sentía feliz, tan feliz que daba vueltas sobre mí misma, como un remolino. De repente oí un ruido, como un gemido. Busqué con los ojos que ya no eran ojos el lugar de dónde procedía. Entonces me dí cuenta de que aún estaba en mi habitación. Sin embargo no estaba donde debería estar: flotaba en el techo. Desde allí ví algo que al principio no entendí. Él, mi amor, estaba sentado a los pies de la cama, la cabeza hundida entre las rodillas, las manos crispadas. Sollozaba y mascullaba algo ininteligible. Yo estaba tumbada, inmóvil, mi cara tapada por la almohada.

jueves, 17 de marzo de 2011

St. Patrick's Day

 

Nunca pensó que su pequeño problema cromático le fuera a acarrear complicaciones. No conducía para evitar los semáforos, tampoco se dedicaba a la pintura ni a nada parecido... Hasta ayer. Se levantó tarde y leyó el periódico como siempre. El titular rezaba “Tiroteo a la salida de una discoteca”. Buscó rápidamente la confirmación que necesitaba pero una frase llamó su atención: “...la joven salía de una fiesta organizada por el día de San Patricio. Todos iban vestidos de verde con pelucas…”. Repasó mentalmente la descripción: pelo muy rizado y vestida de rojo. Esa noche no pudo dormir: tenía que volver a hacer el trabajo y lo peor es que sólo iba a cobrar uno. Malditas modas anglosajonas.

lunes, 14 de marzo de 2011

Parte meteorológico (Finalista "CUENTA 140: El termómetro")



Querida Elena: 

Madrid arde en agosto. Me corren ríos por la piel.
Pero lo peor es el glaciar que se está formando a la altura del corazón...

sábado, 12 de marzo de 2011

El amor y las manzanas



Y dio otro bocado. Esta vez no le supo a nada. Seguiré probando, pensó, así que volvió a morder. De nuevo insípido, nada que ver con aquel primer mordisco tan jugoso, dulce y prometedor. Siguió intentándolo hasta que notó un regusto ácido que pronto se convirtió en amargo, áspero como si masticase colillas pisoteadas. Justo en ese momento la vista comenzó a aclarársele, dejo de ver borroso el amado rostro de Eva cuyos contornos se perfilaban ahora con nitidez. Mientras el desencanto se apoderaba de su corazón se le atragantó el último bocado de manzana. Sólo pensó en salir corriendo.  

miércoles, 9 de marzo de 2011

Autopsia


¿Por qué me mira así? Quite esa cara de idiota. Llevo cuarenta minutos diciéndoselo y usted como si nada. Erre que erre, bisturí en mano y cizallas, cortando carne, desgarrando músculo. No se empeñe, el diagnóstico es incorrecto. No fue infarto de miocardio. Lo que pasa es que perdí el corazón, o más bien se desintegró. ¡Ah! ¡Por fin se ha dado cuenta! ¿Tenía yo razón o no? Perdone que me sonría pero... ¡Oiga!, deje de agarrarse el pecho así y haga el favor de recomponerme que no quiero quedarme con las entrañas al aire. 



Este micro fue presentado, sin éxito, en el concurso "Relatos en cadena" de la Cadena Ser.

lunes, 7 de marzo de 2011

La siesta (FINALISTA "CUENTA 140: La cigüeña")


 De monaguillo recuerdo la liturgia de las siestas en el campanario con la Feli. Las cigüeñas, cortejándose arriba, acallaban los gemidos.

sábado, 5 de marzo de 2011

Calabazas

 
El día ha amanecido nublado. Laura tuerce el gesto. "Mala señal. No, quizá no tanto". Al fin y al cabo es 31 de octubre, esta noche es Halloween. Qué mejor que un día nublado, tenebroso y gris para ir ambientando la noche de muertos. Y ella será la vampiresa más bella. Aún no se cree cómo ha podido convencer a sus padres. "Que voy con Paloma y además va a estar la monitora de gimnasia. Sólo habrá coca-cola, nada de alcohol. Os lo prometo".

Ha terminado de arreglarse. Repasa la mochila: libros, cuadernos, maquillaje, el wonderbra que mangó en el Corte Inglés, tanguitas y una minifalda lista para sustituir a la monjil falda del uniforme. Mira el reloj. Cinco minutos. Siempre es puntual. Cuatro minutos. "Laura, baja ya que nos vamos". "Voy, un momento". Tres minutos. Dos. Uno. Por fin, Alberto aparece subiendo la cuesta de su calle. "Esta noche no te escapas". Se desabrocha varios botones de la blusa dejando entrever sus pequeños pechos como un recurso improvisado antes de hacerse la encontradiza. Un día más.

Cuando está a punto de regalarle su mejor sonrisa insinuante aparece corriendo detrás de él Paloma y le planta un beso en la boca delante de sus narices. Paloma la mira emocionada y le hace un gesto. "Luego te lo cuento". Él agacha la cabeza un poco avergonzado. De pronto abre la bolsa que lleva en la mano y saca una calabaza reluciente. "Que me la dio ayer la monitora, que dice que como se te dan tan bien las manualidades que la prepares tú para la fiesta". Mientras se gira de vuelta a su casa para dejarla ve por el rabillo del ojo como se dan la mano y siguen caminando acaramelados. Acaba de comprender el pleno significado de la frase “darte calabazas”.

martes, 1 de marzo de 2011

La niña sirena (FINALISTA DE "CUENTA 140: La caña")



De niños jugábamos a respirar bajo el agua. Tú querías ser pez y lo conseguiste. Aún sigo yendo al río con la esperanza de encontrarte.