viernes, 30 de diciembre de 2011

La noche


Mi niña bonita no quiere dormir. Mi niña chiquita llora y se desconsuela porque el día acabó. La noche vino con su manto oscuro de estrellas y luna y sueños por cumplir. Pero mi niña bonita no quiere dormir. El llanto se extiende y flota y traspasa las habitaciones y llega al alma. No entiende mi niña que la noche llegó pero que no es el fin sino el principio de un mañana lleno de esplendor.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

En el país de las maravillas




Un olor acre penetró por su nariz casi al mismo tiempo que la naúsea se formaba en la boca de su estómago. Su príncipe, su niño yacía inconsciente en el suelo de aquella chabola inmunda. A su lado dormitaban dos piltrafas, restos de lo que un día fueron personas. Todos acababan de comprar un billete al país de las maravillas y se encontraban en pleno vuelo. Las jeringuillas por el suelo, las cucharas oxidadas, mugrientas, revueltas entre restos de algo que parecía comida, orines y mierda. Reprimió el vómito, buscó en sus recuerdos el niño dulce y sonriente que acunaba cada noche, para espantar a los monstruos. Y sacó del bolso una jeringuilla. Había tenido que pedir al tipo que se la vendió que se la preparara. Se acordó de cuándo le ponía la heparina a su padre postrado en la cama. Se acercó al despojo que era su hijo, se la clavó y nada más existió.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Cosechas


Sin duda no hay nada como tumbarse relajado, con música de fondo acariciando tu oído. Poder mirar a través de este ventanal enorme el inmenso campo de viñedos que se extiende hasta el horizonte y saborear este vino tan delicioso. Una cosecha estupenda la de aquel año… Matilde consiguió una añada excelente y yo algo mejor: caldear su frío corazón y un contrato matrimonial en régimen de gananciales. Era tan hermosa… y tan hija de puta…
Quién iba a pensar que se iría tan pronto. Sería feliz tumbado aquí mirando mis extensas propiedades si no fuera porque la muy zorra se empeña en sonreírme y saludarme con la mano desde allí abajo.

viernes, 23 de diciembre de 2011

La otra cara del invierno


Hoy no hay mucha gente por la calle. Claro, con este frío. Menos mal que el quiosquero de la esquina me ha dado estos cartones tan buenos. Entre eso y el par de mantas gordas que me dieron el otro día creo que podré aguantar bien. ¡Que sí, cómo no voy a aguantar si yo he estado a 20 bajo cero allá en mi país!... El caso es que hoy tengo frío... Bueno, será normal, ya no soy tan joven y además ya me había acostumbrado a los inviernos suaves de Madrid. Y de repente este año le da por hacer un frío de la hostia.

El caso es que yo debería aguantarlo bien, pero hoy... Será que ya llevo varios días aquí sin moverme de mi cajero. Pero es que no tengo ganas de andar por ahí. Hace mucho frío. Y además he visto a un tío nuevo que no hace más que merodear para levantarme el sitio al primer descuido. Así que no pienso moverme. Menos mal que Mariluz me trajo ayer un par de cartones de vino. Es buena gente esta tía, la pobre. No sé porqué estará en la calle, si parece guapa y educada. Bueno, a veces se le va un poco la olla, creo que no está bien del todo. Vete a saber.

Voy a echar un trago de vino a ver si entro un poco en calor. Lo que daría por una buena botella de vodka, eso si que te hace entrar en calor y no esta mierda de agua sucia que te venden por vino. En fin, es lo que hay... ¡Vaya, si juraría que ha caído un copo de nieve!... No puede ser. Sí, si puede ser. ¡Cómo cae! Yo creía que en España no nevaba... No siento la mandíbula. Los dedos hace días que no los siento del todo... ¡Joder, qué frío!. Como esto siga así me voy a congelar.

Qué perra es la vida, tiene cojones, dar tantos tumbos por el mundo para morir de frío en el país del sol. Mira, socio, te digo una cosa, cómo pasen otra vez los polis y me digan que me vaya al albergue me voy. Hoy si que me voy, y mira que me jode, ¿eh? Que yo siempre he sido un tío duro y además no soporto que nadie me diga lo que tengo que hacer, ni dónde tengo que dormir, ni qué tengo que comer. Pero hoy me duelen tanto los dedos... Podría irme al metro. Pero no, está muy lejos y no tengo ganas de moverme... Además, seguro que está lleno de gente y no quiero hablar con nadie. Hoy no.

Pero ¡qué van a pasar los polis!. ¡Qué va a pasar nadie por aquí ya con lo que está cayendo!... Ya deben ser las ocho porque la vieja de la floristería se acaba de ir. Hoy ni siquiera ha salido a echarles la bronca al par de chicas que se han parado en la puerta a tocar sus putas plantas. Debía tener frío la vieja y pocas ganas de salir a ponerse a gritar como una loca bajo la nevada. En fin. Voy a echar otro trago de vino, que me está entrando sueño a ver si me entona y me duermo y pasa pronto esta noche de perros.

Y pensar que yo he pasado los inviernos a veinte bajo cero... Será que me hago viejo, será que me he acostumbrado al calor de Madrid. A ver si pasan los polis y me dicen que me vaya. Y llaman a una ambulancia y me llevan porque yo ya no puedo moverme. No tengo ganas... Vaya! Vienen dos niñatos con ganas de juerga. Pues bueno, pues si quieren que me den. Creo que hoy ya no siento nada. Voy a echar un trago. Bueno, ya se van, con este frío se irán a su casa los cabrones, claro. Aquí van a estar perdiendo el tiempo con una mierda de mendigo.

Tengo mucho sueño. Voy a echar una cabezada que ya se me está pasando el frío. Ya me encuentro mejor, qué sueño más dulce me está entrando. Hacía tantos años que no dormía tan bien. Sí, ahora lo recuerdo, desde que era un niño y mi madre me cantaba nanas mientras yo me quedaba dormido, acurrucado en mi cama caliente bajo el peso de las mantas suaves y blandas. Y mi madre canta y yo me duermo y me acurruco más bajo mis mantas y al fin siento su beso cálido y dulce en mi frente de niño inocente.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Versos azules para almas incoloras (III)



Soñé estar despierta y levantarme de la cama.
Soñé que andaba, que comía y que hablaba.
Constantemente igual, con las mismas personas,
con la misma voz.
Soñé que soñaba estar en el mundo y ser una más.
Desperté envuelta en sudor.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Regalo de Navidad


Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo. La esconderé para que no me la quiten los otros. No me importa que esté azul y fría y ya no diga mamá. Me la encontré rebuscando comida y de tan contenta que estoy hasta se me quitó el hambre. Lo dice el señor cura cuando viene, con su pañuelo en la boca para taparse las ansias, que hay que tener fe y rezar. Sobre todo en esta época. Mi papá no se lo cree mucho pero yo anoche pedí mi deseo y mira. Mi muñeca bebecita, tan linda, envuelta en su mantita, dentro de su bolsita de basura.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Contagioso


Tenía el alma gris a fuerza de tanto lavarla con oraciones diarias y misas de domingo sentado en la primera fila. No se perdía ni una, pues estaba convencido de que hacer acto de presencia bastaba para conseguir puntos para entrar al ansiado cielo. Sin embargo hay manchas que no se quitan y cuando el material no es de calidad vuelven a aflorar a la primera de cambio. Por eso cuando vio aparecer al nuevo párroco procedente de Guinea Ecuatorial tan joven, tan moderno y tan negro, se negó a tomar la comunión de sus manos por miedo al contagio. No sabe el beato que el alma se le ennegreció de nuevo sumergida en su mar de prejuicios.

martes, 13 de diciembre de 2011

Sueños


De niña jugaba a imaginarme imposibles. En mis sueños me gustaba volver las cosas del revés. Los extensos campos de encinas que atravesábamos para llegar al pueblo de mis abuelos se transformaban en el jardín de juegos de un enorme gigante que vivía tras las montañas. Cuando nadie lo veía caminaba sin cuidado pisando las copas de los árboles que le hacían cosquillas en los pies, como cuando yo pisaba el musgo sobre las piedras. Si tenía sed se arrodillaba a beber del río más cercano, un simple arroyo para él. Y el pobre, ignorante, no sabía que a su paso aplastaba sin conciencia pequeñas liebres, jabalíes, y las ovejitas de esponjosa lana que para él serían unas pelusillas sin importancia. Con terror comenzaba a imaginarme y casi creía ver cómo se acercaba a la carretera por donde nosotros circulábamos y entonces jugaría con nuestro coche igual que lo hacía mi hermanito de dos años. Nos golpearía contra el suelo y nos lanzaría lejos, muy lejos, más allá de las montañas y entonces el cuento dejaba de tener gracia. Cuando llegaba por fin a la casa de mis abuelos me metía debajo de la cama y no salía en todo el día, hasta que comprobaba que mi gigante se había disuelto entre los hilos de mi imaginación.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Versos azules para almas incoloras (II)


Allí donde mueren las flores,
allí donde nace el silencio. Allí quiero ir.
Donde las almas cantan,
donde el amor es un niño
y donde no hay sol.
Allí quiero volar.
Cuando las estrellas se confunden
con el color del cielo.
Cuando mi cuerpo es etéreo.
Cuando los sonidos no se oyen
y cuando el agua se convierte en fuego.
Allí quiero estar.
Y morir mil veces.
Y nacer mil veces.
Para nunca volver a morir
y a nacer en el mundo de los sueños.


viernes, 9 de diciembre de 2011

En silencio


El sol abrasaba. Los perros buscaban sombra. El entrechocar de picos y batir de alas acallaban nuestros gemidos a la hora de la siesta.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Sabiduría


“Muerto pero mío”, murmuraba la madre mientras la sacaban a rastras detrás de la otra, los ojos llenos de ira clavados en la espalda de su enemiga y una media sonrisa triunfal. El rey, sentado en su trono, observaba sorprendido y se lamentaba en silencio buscando una solución. En cuanto salieron, hizo una seña al esclavo para que se acercara. “Entrégaselo a tu mujer, acaba de parir y tendrá leche de sobra. Ah, y avisa al cronista de que no escriba lo que ha pasado. Ya le comunicaré yo la versión oficial.”

lunes, 5 de diciembre de 2011

Versos azules para almas incoloras (I)


Sólo soy un suspiro evanescente
que vaga entre las almas perdidas.
Sólo soy esencia pura ya marchita
que vaga entre las flores frescas.
Sólo, amor, sólo soy eso.
Mi cuerpo se desvaneció a su paso
por el mundo en busca de tus besos.
Ya no soy nada; ya no eres nada.
Pero a veces me reflejo sutilmente
y muy fugaz en el color de tu mirada.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Las lágrimas del murciélago


Como tantas veces había hecho de niño con los murciélagos en el pueblo, cogió un cigarrillo y lo acercó cuidadosamente, casi con mimo. Observó con curiosidad cómo se agrandaba el cerco de piel quemada formando un círculo perfecto. Eran órdenes, se decía, él sólo las acataba. Pero descubrió con asombro una sensación casi olvidada. Al igual que las delicadas alas de aquellos bichos, la superficie suave sufría una transformación que le seguía fascinando. Sólo una cosa le molestaba ligeramente de su nueva víctima comparándola con aquellos otros. Los murciélagos no lloraban. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

El recuerdo


Durante horas estuvieron los amantes juntos, acariciando sus cuerpos, besando sus bocas y entregándose a los eternos juegos del placer. Él susurraba palabras de amor en el oído de su amiga y ésta, con sus profundos ojos oscuros, le miraba complacida, sonriéndole, besándole con renovada pasión. 

 Hace ya tiempo que ambos se conocían y el amor que nació entre ellos tocaba a su fin. Ella lo sabía y los ojos se le llenaban de lágrimas al pensar cuánto le echaría de menos. Pero su amante de esto no se dio cuenta. Por el contrario, le pedía entre enfados y zalamerías unas pocas palabras que correspondieran a las suyas, ya que nunca decía nada como si no le importase, decía. Ella le besó con infinita ternura en la mejilla, mientras de los labios de su compañero se le escapaba un dulce “te quiero”

 Pasó el tiempo y el olvido lo cubrió todo. Una tarde la recordaba dulce, serena. Su cuerpo blanco y ágil y sus labios dispuestos a recibir siempre su amor, mientras miraba sumido en una extraña tristeza las gotas de lluvia pegada al cristal. De repente se preguntó ¡dónde estaría, qué sería de ella! Hacía ya tanto que no volvió a llamarla.

Sintió melancolía de aquellas noches agradables y quiso volver a la habitación del viejo hotel en el que la vio por última vez, tan dulce y tan lejana. Quiso hablar con ella y marcó su número. Una voz rota, de mujer vieja, le contestó en tono pausado.

 Frente a la ventana en la que ambos se abrazaron fuertemente por última vez se esforzaba en comprender las palabras que la mujer le dijo por teléfono. Y su mirada fija en el cristal que, empañado de su aliento, devolvía dos palabras escritas hace mucho. Las últimas de su amante: “yo también”

viernes, 11 de noviembre de 2011

Psicofonías


-¿Lo has oído? Esta vez lo has tenido que oír. Ha sido clarísimo.
- Me ha parecido oír algo pero no sé.
-Seguro que ha quedado registrado. Vamos a poner el magnetófono a ver si lo ha recogido.

En el viejo hospital el silencio era absoluto. Rebobinaron la cinta, se colocaron los auriculares y se pusieron a escuchar. De forma nítida se oía la voz de uno de ellos que preguntaba: ¿Estáis aquí?, ¿decidnos que os pasó? A los poco segundos un ligero ruido seguido de un murmullo provoca que sus corazones se aceleren. No hay duda, esta vez sí han obtenido algo pero no saben muy bien si sentirse decepcionados, sorprendidos o insultados cuando oyen con claridad una voz de ultratumba pronunciar en perfecto castellano: ¡Imbéciles!

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Vacío


Le cobran en aquella fila de la izquierda, si no le importa, contestó con cara de vinagre la dependienta de la pastelería. Era Navidad. Una fila de borregos hacía cola para obtener un roscón de Reyes. Él también, era tradición. Estaba solo. No tenía amigos, no tenía hermanos. Su madre, viuda desde hace años, había muerto dos meses antes. Salió a la calle y no pudo resistir la tentación de abrirlo para buscar la sorpresa, pero por más que hundió los dedos en la nata no encontró nada.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Sobras


Saqué una latita de sardinas y se la ofrecí. El pobre se la comió con ansia de hambre atrasada y cuando terminó, la relamió de tal forma que se cortó la lengua con el filo de la lata. Fue un cortecito de nada, pero lo suficiente para que la sangre comenzara a resbalarle de forma obscena por la comisura de los labios. Entonces me dio un vuelco el estómago y no pude evitar sentir cierta compasión por él. Después de tantos años en la calle había visto pocas veces tanta necesidad, tanta desesperación. Al fin y al cabo en una sociedad consumista hay sobras por doquier... si se sabe cómo encontrarlas. Se ve que era novato en esta vida. Por eso, y porque hacía ya mucho tiempo que nadie se acercaba a mi rincón. Sobre todo desde que corrió el molesto rumor de mi canibalismo.

viernes, 4 de noviembre de 2011

El que no se consuela...


Me acerco y anoto sus nombres. Son nombres vacíos, huecos de significado para mí. ¿Cómo serían las personas que se esconden tras esos cúmulos de letras? Algunos son sonoros y rimbombantes, nombres con sombra de abolengo sin duda, pienso yo. Otros, los más, son comunes, fáciles de olvidar, nombres de andar por casa... ¿Ha terminado ya? Me hostiga el funcionario del registro civil. Yo le devuelvo el bolígrafo sobado y me voy tan contenta convencida de que tengo un antepasado noble en mi gris familia. Si ya sabía yo que tenía gusto de rica...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Sombras (II)


Mi abuela decía que el alma de las personas es su sombra. Hoy llevo todo el día buscándomela y no la encuentro. Empiezo a sospechar…

lunes, 31 de octubre de 2011

Sombras


Unas pálidas sombran vagan cada noche por mi casa. Al principio pensé en fantasmas. Ahora sé que son los hijos que no tuve. 

viernes, 28 de octubre de 2011

La vida en proyectos



Pascual era un hombre precavido hasta la exasperación. Tenía preparado el discurso que daría el día que le nombraran Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford. Tenía incluso escritas las palabras de agradecimiento el día que le dieran el oscar al mejor director. En inglés, por supuesto. Había ensayado la pose que pondría ante las cámaras el día que volviera del primer viaje a Marte. En su obsesión por adelantar, ya sabía exactamente cómo iba a pedirle matrimonio a la mujer de su vida. Había estudiado cada palabra, cada gesto, cada mirada. La talla de su ropa, el número de calzado, el color del pelo y de los ojos y el punto exacto de dulzura. También había pensado el nombre de sus cuatro hijos: dos niños y dos niñas y la enorme casa donde vivirían. Hacía acopio de folletos de vacaciones donde ir con su perfecta familia cuando sus múltiples ocupaciones le dejaran tiempo.

Por anticipar, hasta tenía escrito su epitafio. Ayer le enterraron. Nadie fue a despedirle. Al terminar de colocar la lápida, pensó el enterrador: pobre diablo, tantos premios, una mujer, cuatro hijos, doce nietos y más solo que un perro.

De trenes y estaciones

Como un largo gusano hambriento el tren avanza recorriendo túneles. De cuando en cuando para, vomita su carga como si fuera un exceso de equipaje en su estómago. Pero de nuevo en su hambre compulsiva, interminable devora una nueva remesa de almas grises, adormiladas que avanzan recorriendo túneles como gusanos hambrientos hasta la siguiente estación de sus vidas.

lunes, 24 de octubre de 2011

Safari fotográfico


Pantalón vaquero ajustado, camisa blanca con leyenda de universidad yanqui, pelo engominado, gafas de sol, torso de gimnasio. Muy maqueado pero pasa de los cuarenta. Se ha dado cuenta de que le miro. Tengo sueño, estoy cansada, no me apetece leer hoy. Me entretengo mirándole, imaginándome su vida de soltero forzoso. Lo dicen sus gafas y su postura de caza. Quizá tenga un hijo que vino sin avisar, probablemente antes de lo esperado. Lo dicen sus ojeras que se traslucen bajo las gafas, lo dicen las arrugas que ya han comenzado a ganar la batalla. Se gira, me mira de reojo, se estira y se luce, cazador infatigable. Yo no puedo dejar de mirarle, de construir mi personaje sobre su percha. “Próxima estación: Atocha”. Me aproximo a la puerta y consigo bajar la primera. En mi espalda siento sus ojos decepcionados. Mañana buscaré otra presa.

viernes, 21 de octubre de 2011

El viejo contorsionista


No pretendas fingir que para ti la postura no es un problema. Por Dios, Fermín, que tienes 69 años y esos gemidos no son de placer. Anda, deja de hacer tonterías y vamos a rezar como los misioneros, que tú ya no estás para estos trotes…

miércoles, 19 de octubre de 2011

Hijos del corazón


“Una semilla en esta tierra desolada no crecerá nunca. Por más que te empeñes en regarla diariamente, por más que te empeñes en atiborrarla a fertilizantes. Cuando la tierra no vale, no vale. Y la tuya ya está marchita…” Marta oye impertérrita el metafórico diagnóstico del médico-poeta. Ya no tiene lágrimas que verter, las ha derramado todas a base de perder semillas por el camino. Recoge, como puede, los maltrechos trocitos de su alma y sale por la puerta con una sutil sonrisa. Quizá sus entrañas estén baldías pero su corazón rebosa de amor y sabe que ahí sí anidará el hijo que espera.

lunes, 17 de octubre de 2011

Manolito el raro


Todos decían que era un niño raro. Intentaban esquivarle y no le hacían caso. Pero a mí me daba pena, qué le iba a hacer. Solía acercarse y enseñarme una muñeca rota. Se le salía la cabeza y venía para que se la arreglara. Pero un día vino con un gato y pretendía que le volviera a pegar la cabeza en su sitio. Yo no pude evitarlo. Vomité y él se marchó con lágrimas en los ojos.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

De estrellas y poetas

Después de unos días sin publicar nada hoy os dejo con los dos microrrelatos que mandé a ReC: "Noche estrellada" y "Poetas".

Noche estrellada
La noche es una estrella en tu cucharilla. La sujetas con desgana justo después de remover el té dejando caer las últimas gotas en la taza. Sé que has dicho algo. Debe ser importante porque te has quedado quieta, sujetando nerviosa la noche suspendida sobre la superficie humeante. Intento comprender, buscar en tu mirada ansiosa pero mi mente no quiere escuchar tu mensaje. Me miras, esperas. Lo sé. Pero yo ya sólo puedo ver la última gota que resbala del metal y con ella mi cielo se queda sin estrellas.


Poetas
-La noche es una estrella en tu cucharilla…
-Siempre fuiste un poeta…
-Pero el brillo del metal es frío. Me cala los huesos...
-Por eso me enamoré de ti. Pásame el mechero.
-Enciende en tus manos la llama que calienta mis sueños…
-Anda, échale algo a la hoguera que yo también me estoy pelando. No sabes la rasca que hace en esa puta rotonda. Tú con tus letras tan feliz pero la que se lo curra al final soy yo.
-Dame un poco de esa estrella. Mi noche se apaga…
-Mi pobre poeta triste… Ya no tienes remedio…
-Tú tampoco.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Revancha


Tal vez si hubiera preguntado dónde íbamos después habría hecho las cosas de otra manera. No habría sido tan hijo de puta, ni habría pisoteado la moral de Susana todos los días desde que nos casamos. Habría sido un padre más cariñoso. Habría sido un padre. Si lo hubiera sabido, ahora no estaría metido en un cuerpo de lagartija, ni mi hijo me habría cortado la cola como un sádico. Y mi mujer no estaría a una décima de segundo de tomarse la revancha pisoteándome. Literalmente.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Moderno Pigmalión


Más tarde, con el tiempo, plantaremos un árbol. Con un poco más de tiempo, tendremos un hijo, o dos o tres. Seremos felices y viviremos en un chalet a las afueras con un hermoso jardín. Rodeados de buenos vecinos pasaremos una vida feliz y tranquila. En ese entorno idílico podremos escribir nuestros libros. Envejeceremos juntos viendo crecer a nuestros nietos. Y finalmente, cuando ya no tengamos nada más que hacer ni decir nos iremos a dormir acurrucados y descansaremos. Sólo me queda un detalle por perfilar en este proyecto: sacarte de esta maldita pantalla para poder abrazarte.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Liberación


Lleva horas despierto cuando suena el despertador. Se ducha, se viste y se toma el café. Luego conduce por la misma carretera abarrotada de siempre. Al rato, los edificios comienzan a clarear y hay menos coches. De repente deja de ver cemento. Atraviesa una extensa pradera verde brillante salpicada de flores de todos los colores. A lo lejos se ven las montañas. Un riachuelo plateado baja ondulante. Hay una casita con tejado rojo y triangular. De la chimenea sale humo gris. El cielo es de color blanco y las nubes, azules. Igualito, igualito que los dibujos que hacía de pequeño.

jueves, 8 de septiembre de 2011

La terapia


“Por cierto ¿hoy es domingo?” Se pregunta Clara mientras le sirven el capuccino. Está en un café bohemio lleno de intelectuales, de esos que Manuel encontraba aburridos. Acaba de salir del cine de ver una romántica, de esas que Manuel llamaba pastelones. Observa la rosa que se ha comprado, de esas baratas e inodoras, pero siempre agradables de recibir. De esas cosas que Manuel decía que eran tan tontas porque las flores “no duran nada”. De repente recuerda aquellas tardes de fútbol, sofá y cerveza, tan distintas, tan lejanas, tan ajenas… Sonríe triunfal. “Sí, es domingo, tengo que mirar la quiniela”.

lunes, 5 de septiembre de 2011

La verdad verdadera


Antonio era un niño mentiroso por naturaleza. En su cabecita se formaban palabras ciertas pero en el camino hacia sus labios se transformaban en historias increíbles. 
Contaba que la maestra lo ponía a hacer de espantapájaros. Pero no le salía bien y se le llenaban los brazos de mirlos y petirrojos.
Solía decir que en el monte habitaba una princesa. Era hermosísima pero estaba encantada y no podía volver al pueblo.
Un día se topó con un oso de seis metros. De un zarpazo le quitó el pan y le dejó esas marcas en la espalda.
Y lo más increíble, contaba que por las noches, cuando todos dormían, le visitaba un monstruo con la cara de su padre.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Cosas de la guerra


De niña pasaba los veranos con mis abuelos en el pueblo. Me gustaba acompañar a mi abuela al cementerio y leer los nombres de los muertos. Imaginarme sus vidas. Había una lápida sin nombre. Sólo una cruz grabada, unas iniciales y unas fechas que terminaban en el 37 y que daban como resultado dieciocho años. Mi abuela nunca supo decirme quién era. O nunca quiso. Cosas de la guerra, niña. Y yo, que entonces entraba en la adolescencia, adornaba la muerte de aquel muchacho con un halo de romanticismo. Morir tan joven luchando por tus ideales me parecía conmovedor. Luego crecí, leí, escuché los jirones de historias que todavía flotaban en el pueblo, en mi barrio, en las conversaciones de mis padres. Ahora miro a mi hijo de dieciocho y comprendo el significado de aquella lápida. Tan sólo una muerte absurda.

lunes, 29 de agosto de 2011

Vivir en fuga

¡Qué ironía! Había conseguido sin proponérselo lo que durante toda su vida había soñado y recreado de mil maneras. Se la pasó huyendo de sí misma, siempre en fuga y siempre hacia delante. Primero una carrera que nunca quiso estudiar. Sin saber cómo ni por qué un “sí quiero” ante el altar sin creer ni en lo uno ni en lo otro. Más tarde, a su debido tiempo dos hijos sanos y hermosos. Lo tenía todo, dinero, posición, miradas de envidia y hasta una bonita figura después de los partos. Todo menos una vida propia. Es curioso que sólo durante las dos décimas de segundo que tardó en darse cuenta de que aquel coche iba a empotrarse a ciento veinte directamente contra ella se sintiera más viva que nunca.

jueves, 25 de agosto de 2011

La musa




Retuerce, amasa, engarza y pule las palabras con su pequeño lapicero gastado. Yo lo miro satisfecha y contrariada a la vez. Él no me ve. Pasado un rato suelto un suspiro resignado y me paseo con desgana por la habitación. Comienzo a aburrirme pero es tan adorable… No puedo reprimir una sonrisa tonta cuando le veo sacar la punta de la lengua por la comisura de los labios en esa mueca tan suya cuando está verdaderamente entregado a lo que hace.


Sé que debo irme. Otros me esperan, otros que quizá no lo merezcan tanto como éste. Por eso he decidido alargar mi visita un poco más, un par de días tal vez. Mientras tanto continuaré observándolo aquí tumbada en la cama. Espero que termine antes de irme. Sólo le quedan dos capítulos.

lunes, 22 de agosto de 2011

El tiempo en una sonrisa


En Toledo se enamoró un judío de una cristiana, un converso de una musulmana, una reina de bufón, un obispo de una meretriz, un juglar de una novicia, un rabino de una dama, un pintor de una muchacha… Unos amores fueron más afortunados, otros menos pero todos por igual al cabo dieron su fruto. El amor vive en Toledo y siempre fue caprichoso… , decía Jimena sin dejar de sostener mi mirada con sus ojos cristalinos, profundos y hechizantes. Yo dejaba que hablara, que su voz suave, crisol de otras muchas voces de muy diversos pasados acariciaran mi oído. Que me deleitara con historias de otros tiempos vividas en los mismos escenarios por los que paseábamos.

Tan absorto estaba disfrutando de la cercanía de su cuerpo cálido, de sus ojos de miel, que lo único que acerté a decir cuando me preguntó algo que no entendí bien fue: “¿puedes añadir a tu árbol genealógico un neoyorquino?” Jimena entonces, se detuvo y esbozó una sonrisa que contenía la dulzura de todas las mujeres tan dispares que la precedieron. Las campanas de la catedral comenzaron a tocar el ángelus y el tiempo se detuvo para siempre en esos labios.


viernes, 19 de agosto de 2011

Demasiado tarde




Aquí vinimos a descansar, deje la costura Paquita, que nos vamos a quemar la retina… La enfermera deja el vasito con las pastillas cerca de la anciana mientras le retira amablemente las agujas de hacer punto. Ella se deja hacer pero en cuanto se aleja vuelve a cogerlas. “Descansa tú guapa, que yo no estoy cansada. Además tengo que acabar la bufanda para mi hijo. Me va a oír. Hace más de un mes que no viene, desde que me trajo esos papeles. ¡Ah no!, pero la próxima vez no firmo nada y le pienso decir que me vuelvo a mi casa”.

martes, 16 de agosto de 2011

Dos arrugas

Tenía dieciséis años cuando la guerra la pilló en Madrid. Cuando sonaban las sirenas se escondía junto a la familia para la que trabajaba en el hueco de la escalera. Más de una vez oyó caer los obuses cerca pero nunca tuvo miedo. La inocencia o la soberbia de la juventud la protegían del terror. La comida comenzaba a escasear. Y un día se llevaron a uno de los señoritos en plena noche. Para unas preguntas, dijeron. Nunca volvió. Ella tampoco preguntó. Pero cuando recibió la carta de su madre diciéndole que su hermano había muerto en el frente envejeció de golpe. Me dijo que ese día en su frente aparecieron dos arrugas. Esas que a mí tanto me gusta acariciar.



* Microrrelato presentado al concurso de la Cadena Ser "Memorias de una guerra"

jueves, 11 de agosto de 2011

Dos padrenuestros y tres avemarías


Una sospecha cruzó su mente. Fue justo cuando aquel pájaro se posó encima de la figura del Cristo suplicante y cubierto de harapos. Era una paloma de un blanco níveo, puro… Inocente. Como el chico que acababa de enviar a prisión. El fallo lo tuvo claro nada más verle. Con esa pinta, esos agujeros por toda la cara, esos tatuajes en los hombros, ese pelo y esos pantalones rajados. Parecía que venía de otro planeta. Dónde estaban aquellos jóvenes de antes, con respeto por la normas, por las apariencias. Las pruebas resultaron exculparle pero él no se dejó engañar: su aspecto lo delataba. Estaba seguro hasta hoy… Para quitarse de encima la molesta duda ese día cantó la saeta más sentida de toda la procesión.

lunes, 8 de agosto de 2011

Martes y jueves de cinco a seis




Toca jotas, ayer sevillanas. Ya me sé todo el repertorio de música popular. Al principio me resultaba curiosa, diferente a la de mi país. Luego me harté y decidí contrarrestar. Encontré un disco de ritmos nigerianos y cuando empezaban lo ponía a todo trapo. Allí nunca me gustó mucho la música, pero con tal de no soportar los pasodobles… Un día subió un viejito del salón del Imserso. Creía que venía a quejarse. Pero me dijo que la subiera, que no la oían bien. Hoy toca jotas, pero mañana es martes y la clase de danza africana la imparto yo.

jueves, 4 de agosto de 2011

Pequeñas preguntas



–¿Y ésta es la famosa espada que todo lo logra? – dijo la pequeña duendecilla mirando incrédula el trozo de metal incrustado en la piedra.

–Sí – dijo ufano el gnomo –, seguro. El hombre que consiga sacarla lo tendrá todo: será rey de un imperio, tendrá a sus pies pueblos enteros que le rendirán homenaje, mujeres que le adorarán. Será un triunfador y ...

–No sé, no sé... ¿Y será feliz?


lunes, 1 de agosto de 2011

Certeza




El martes estuve con Ángel. Paseamos por la Casa de Campo. El paisaje era un poco deprimente, con los patos flotando sobre el lago de aguas turbias. Con las primeras putas que comenzaban a aparecer. Y el frío. Como el que había entre ambos.

No quise hacerle daño. Me lo he repetido tantas veces. Sin embargo, allí paseando entre los árboles desnudos con el viento de Madrid cortándome la cara, me pregunté por primera vez si a quien hice daño fue a mí misma.

Me pregunto si cuando pasen los años seguiremos viéndonos. Probablemente no. Casi puedo verlo perfectamente: casado, con un niño o dos quizás, mientras yo sigo sola. Y tal vez un día nos encontremos. Y hablaremos de cosas banales dejando de lado todas aquellas que de veras queremos preguntarnos. Y después de todo, seguiremos siendo ambos los mismos desconocidos que se cruzaron un momento antes. Volveremos a nuestras casas con un nuevo vacío en el corazón porque nos daremos cuenta de que el otro ha muerto hace muchos años, justo una fría tarde de invierno en Madrid, paseando entre los árboles grises de la Casa de Campo, mirando a las putas madrugadoras que se cruzan en su camino.

jueves, 28 de julio de 2011

El pintor de la Plaza Mayor

Para hoy no toca microrrelato sino una historia algo más larga de lo habitual. Esta historia la escribí para el blog de Miguel "Mis fotos de Madrid"

"¡Vaya por Dios! Ahora se pone a llover" Una gota, luego otra... Miles de gotas emborronan el dibujo tantas veces repetido de la Plaza Mayor con su famosa estatua ecuestre (que, la verdad, no sabe muy bien de quién es). A Juan le gustaría dibujar otras cosas distintas. Le gustaría dejar que su carboncillo se dejase llevar al vaivén de las caderas de esa muchacha que acaba de pasar contoneándose. O incluso dibujar los trazos grises de aquel anciano que avanza cansinamente apoyado en su bastón. Pero los turistas prefieren la estampa típica y manida, ¡qué se le va a hacer! A fin de cuentas trabaja por dinero. Aunque eso no quiere decir que de vez en cuando no dibuje lo que le venga en gana, por supuesto. Las horas se hacen muy largas en su rincón del soportal, sobre todo los días de verano. Así que entre sus estampas aburridas siempre cuela alguna “de su cosecha”.

Juan lleva ya varios años en paro y su mujer está enferma. Por suerte no tienen hijos. Juan pinta porque no sabe hacer otra cosa. Bueno, sí sabe pero es lo que mejor se le da y además siempre quiso ser pintor. El caso es que desde que está en paro y le dio por lo de pintar en la Plaza Mayor, ya le han ofrecido trabajar varias veces de camarero en las terrazas cercanas.

Aunque algunas horillas sueltas ha ido echando, sirviendo las mesas atestadas de turistas, sinceramente él prefiere venderles un dibujo o una pinturilla a pastel que servirles un café. Por eso y porque el paro aún no le ha cumplido y no es cuestión de perderlo por un contrato bastante pasable con muchas horas y poco sueldo, él siempre prefiere volver a sus pinturas, aunque su mujer no opine lo mismo.

Resulta irónico pero desde que todo se le vino abajo, Juan es más feliz que nunca. Se ha dado cuenta de que lo que él siempre quiso hacer es nada más y nada menos que lo que hace, ni contratos sustanciosos, ni pisos caros, ni vivir holgadamente. Él lo que quiere es sentarse en "su plaza" y ver pasar la vida de Madrid: ver cómo respira Madrid, cómo llora Madrid, cómo ríe Madrid y dibujarlo… Y si para eso de vez en cuando tiene que hacer dibujos de toreros o gitanas para los guiris pues los hace…

Un billete de cien euros ha caído de repente dentro de la caja de zapatos vacía que hace las veces de mostrador. Perdido en sus elucubraciones Juan ni siquiera se ha dado cuenta de que ha dejado de llover y de ese chico alto y rubio que lleva un rato rebuscando en su carpeta. Levanta la cabeza y ve un gesto confundido como queriendo decir "¿me lo vendes por cien euros?". Juan guarda rápidamente el billete en su bolsillo y mira alejarse al turista con su dibujo. Tiene gracia, no es de los típicos...

lunes, 25 de julio de 2011

Eternidad


Ya están hartos de jugar al ajedrez: se han dado jaque mate unas mil veces cada uno.

El juego del escondite ya no tiene sentido pues conocen todos y cada uno de los lugares habituales del otro. Hace mucho que dejaron de buscarse, pasado el entusiasmo de los primeros tiempos. Ya se lo han contado todo y lo han visto todo. Han disfrutado mutuamente de su compañía hasta que la compañía dejó de ser un disfrute.

Ahora, ella dormita perezosa bajo un cerezo, arrullada por el melodioso canto de los pájaros, ajena por completo a los movimientos del otro. En la otra punta del jardín, él observa distraído el horizonte desde lo alto de un frondoso roble y, casi sin darse cuenta, exhala un suspiro indolente.

Mientras, la serpiente, ya asumida la derrota, devora su manzana.

viernes, 22 de julio de 2011

Resaca

Dicen que los nervios del Tío Sebas son cosa de la guerra. Que al final de la vida los recuerdos de juventud son más claros. Por eso se despierta por las noches gritando nombres del pasado. A veces pide tabaco. Las enfermeras no le hacen caso pero él fuma igualmente. Agarra un pitillo imaginario y aspira un humo inexistente. Luego expulsa la calada mientras clava una mirada desafiante en un punto indefinido. 

Al darle el alta, vuelve al pueblo, se encierra en su casa y acecha a través de la ventana. Pocas veces sale a tomar el fresco. “Vamos padre, ya nadie se acuerda”. Pero si pasa algún vecino y tiene ganas de guasa, entonces, con sorna, le pide un pitillo o le dice algo sobre la nueva ley antitabaco. Sebas palidece y viaja de golpe setenta y tres años atrás. Se ve sentado sobre el cadáver aún caliente de su paisano, liándose un cigarro con la picadura que le acaba de sacar del bolsillo. Para celebrarlo. Una borrachera de sangre y soberbia con una resaca de efecto retardado. 


* Microrrelato presentado al concurso de la Cadena Ser "Memorias de una Guerra"

martes, 19 de julio de 2011

Telebasura (FINALISTA "CUENTA 140")

El tema de esta semana era "el mando a distancia"


"Discutíamos a gritos hasta que nos dimos cuenta de que el niño nos apuntaba con el mando. Con sus deditos aporreaba la tecla del volumen"

viernes, 15 de julio de 2011

Rapsodia in blue





Dicen en las noticias que lo de esta noche es un extraño fenómeno astronómico que sólo se da en contadas ocasiones. De ahí la extraña luz azulada que lo inunda todo. Penetra por la ventana y cambia el color de las cosas: las cortinas, las paredes, la mesa, las sillas, la cama, mi gato y hasta mi alma. Me asomo para disfrutar del espectáculo, pero en vez de mirar al cielo no puedo quitar la vista del ramo de flores abandonado en el suelo. Yo misma lo tiré apenas unas horas antes, cuando decidí borrarte de mi vida. Después mi conciencia cívica me obligó a bajar a barrerlo pero algo me lo impidió. Y ahora me pregunto por qué demonios todo ahí afuera es de color azul menos esas malditas flores que tú me regalaste.

domingo, 10 de julio de 2011

El cielo de las mariposas


 
En clase de religión la profe me ha dicho que todos los seres vivos son almas de Dios. Que todos irán al cielo cuando mueran. Le he preguntado que si también los bichitos van, porque yo quiero mucho a mis gusanitos de seda y a mi caracol. Le ha costado admitirlo pero al fin me ha dicho que para ellos hay un cielo especial, donde van las hormigas, las moscas y demás cosas con almas insignificantes. Cuando le he preguntado qué es insignificante me ha contestado con cara de fastidio que es algo que vale muy poco. Pero yo le he dicho que las mariposas son preciosas, que su alma no podía valer poco. Y resoplando me ha contestado que sí, porque es un bicho diminuto que no vale para nada, y se acabó.

A mí no me importa. Yo cuando me muera quiero ir al cielo de las mariposas. Seguro que allí estará mi abuelo sentado en su butaca con mis gusanitos del año pasado. Y como tendremos todo el tiempo del mundo da igual que lo perdamos jugando con mis bichitos. Aunque mi padre y la profe estén refunfuñando desde el cielo de las personas importantes. 

domingo, 3 de julio de 2011

Atlas


Érase una vez un mapa que podía llevarte a cualquier parte. Conocía todos los caminos porque estaban en él escritos. Un buen día el mapa se perdió y no podía encontrarse. Sin saber qué hacer comenzó a vagar preguntándole a todo el mundo cómo podía hallarse. “Necesitas un mapa”, todos le decían. “¡Qué gracia, un mapa perdido! Necesitas un mapa de mapas”.


(Este pequeño cuento fue escrito con la inestimable colaboración de mi hija mayor y la sabiduría acumulada en sus tres años de edad.)

jueves, 30 de junio de 2011

Cosas de vecinos

Cuando llegan arriba el antenista y Javier se encuentran a Benito, del quinto izquierda, escopeta en mano. “¡Que no toquen la antena, coño! ¡Bájense de mi tejado!”
Confiando en las palabras, Javier se acerca. De repente, siente una quemazón en el estómago. Las piernas se le doblan y lo último que piensa es: "en qué hora vine a este piso de mierda. Barato, sí, pero lleno de viejos idos. Por qué bajaría a la reunión y diría que entendía de pleitos. Por qué me nombrarían “Jefe de la Comisión de Gestiones Televisivas”. Que mira que sonaba rarito. Al principio hasta me hacía gracia que las viejas me llevaran el menú diario a casa. Pero luego me espiaban y hasta se aprendieron mi vida, clave del móvil incluida. Por qué apagaría la hoguera que el Sebas hizo en su salón el mes pasado como allá en el campo.
En qué hora..."

lunes, 27 de junio de 2011

Relato leído en la radio




Pues resulta que el otro visitando el blog de Acuática (por cierto, mi enhorabuena por la organización del Concurso "No me vengas con historias" y por esos zorro-lobos que se ha currado. Diga ella lo que diga le han quedado chulísimos) me he encontrado que en una de sus entradas hacía mención a algunos micros que se habían leído en "El Planeta de los Libros". Y mira tú por dónde, que oyendo el podcast me encuentro con uno mío: Reencuentro. Aquí os dejo el enlace por si queréis oírlo. Está en el minuto 44:33.

http://www.elplanetadeloslibros.com/html/audio-205-acampada-sol.htm

Y si queréis releer el texto podéis hacerlo en este blog puesto que ya lo publiqué en su momento

http://palabraspreciosas.blogspot.com/2011/05/reencuentro.html

Buen lunes

jueves, 23 de junio de 2011

Mi tío Ernesto

Aquí os dejo mi aportación al Vendaval de Microrrelatos 2011. Ha sido todo un placer poder participar en esta estupenda iniciativa y compartir espacio virtual con tantos buenos autores.


Pendenciero y haragán a partes iguales, justiciero de pacotilla y fumador empedernido. Sin embargo no sé qué tenía para las mujeres, que las volvía locas. Le conocimos unas cuantas dispuestas a reformarlo, pero todas acabaron renunciando. Trabajar no le hizo falta. Se  sacaba lo justo para unas birras aparcando coches, gorra en mano. Vivía casi permanentemente en la calle, durmiendo a la sombra o de tertulia con compañeros de vicio. Un día, con ya más de cuarenta, convertido en una piltrafa con aires de héroe, quiso defender a un amigo marroquí de unos niñatos rapados. El morito murió de la paliza y él de milagro pudo contarlo. En la residencia le aparcan cada mañana junto a los demás paralíticos, en riguroso orden de formación, listos para el desayuno. Por la noche, Rosi, su enfermera favorita, a escondidas le enciende un canuto y le posa solícita la mano en la bragueta.

lunes, 20 de junio de 2011

Déjame marchar


Como los ángeles al caer el sol, 
como el azul del mar que precede a la tormenta,
impaciente, expectante.
Como una solitaria luciérnaga que revolotea alrededor de  una bombilla, 
ingenua, soñadora.
Como la sombra de una figura transparente que está, pero ya no es.
Así vivo, así muero cada vez que pasas a mi lado y no me ves...
Y no me verás nunca 
porque ya no estoy aunque estoy siempre contigo, 
porque ya no me sientes aunque me sientes cada noche al acostarte, 
porque ya no me quieres aunque me quieres en el fondo de tu alma 
y no lo sabes.
Porque hace tiempo que me fui.
Tu mano quiso sujetarme.
Pero caí.

jueves, 16 de junio de 2011

Ciclos


Había llegado a la conclusión de que su vida se desarrollaba en ciclos. Y de que el cinco era su número. Así que esta vez tenía que ser la definitiva. Después de cuatro relaciones fallidas que duraron cinco años cada una, conoció a Adela, la quinta. Lo malo es que para ella, él era sólo el cuarto. 

lunes, 13 de junio de 2011

Espejismo

 
Desde que aquella chica le ofreció esa manzana en el súper no había comido tanta fruta en su vida. Se había quedado  parado frente al expositor hipnotizado por el rojo brillante. “Pruébala”, le dijo al tiempo que sonreía amablamente, “son de calidad superior y además están de oferta”. Así que todos los días a la hora del desayuno se escapaba el tiempo justo de ir a comprar “su” manzana y ver a “su” dulce Eva. Cambió sin darse cuenta su dosis diaria de cafeína y aburrimiento por una de antioxidantes naturales e ilusión. Pero un día acudió a su cita con su frutera favorita y en su lugar se encontró un chico gordo y con granos. Tenía aspecto de comer muchos bollos y poca fruta. Las manzanas ya no estaban de oferta. Al día siguiente volvió a su café.

sábado, 11 de junio de 2011

Amor al fin y al cabo







La bala en la sien para él. 
Para ella el puñal en el corazón, 
la rosa en la mano y un beso en la boca. 
Romántico hasta el final.

viernes, 27 de mayo de 2011

Reencuentro




Todos los días les lleva bizcochos. Su exigua paga no le da para más. Viene con su caminar lento pero decidido. Ochenta y siete años son muchos pero la ilusión los vuelve ligeros como el viento. Desde hace una semana ya no es la misma. Mejor dicho, ha vuelto a ser la de antes. Aquella muchacha enérgica, cargada de ideales y dispuesta a gritar al mundo sus injusticias. La que también aprendió a callar para no levantar sospechas, para ocultar, para traicionar a su propia memoria. Aquella que hace tan poco permanecía dormida y gris en el fondo de su alma. Ahora ha despertado y no tiene miedo ni tiempo para tenerlo. Todos los días se acerca a la plaza. Allí se encuentra, quién se lo iba a decir después de tantos años, con la esperanza de un mundo mejor, con el ansia de justicia, con la solidaridad. Se ve reflejada en los rostros de chicos, chicas, niños, ancianos, hombres y mujeres unidos por la misma causa. Sus bizcochos son su humilde aportación. Aunque la emoción por el reencuentro es tanta que se le desborda por los ojos y siempre acaban empapados.

martes, 24 de mayo de 2011

FINALISTA "CUENTA 140" (La pasta de dientes)

Esta semana el señor Montero ha sido magnánimo conmigo y he hecho doblete en la final de Cuenta 140






El atraco (o una forma tonta de morir)

La pasta o la vida, me dijo. Y yo, que siempre fui un poco corta y en el bolso llevaba el dentífrico, no dudé en dárselo.


Los tiempos de mi abuelo

Cepillarse los dientes entonces era tan extravagante como no cepillarse a la parienta a pelo, aunque se tuvieran más hijos que muelas.